Rojo: verso y gozo poderoso
Artes Escénicas Ruta Silviaje

Rojo: verso y gozo poderoso

El año pasado tuve la suerte de conocer por primera vez en vivo, el trabajo de Rojo Córdova, pude verle como poeta y organizador del micro abierto en el Museo Universitario del Chopo, y es que Rojo es muy variopinto, puedes llamarle chorero, gestor, eslamero, spoken worker, juglar, intérprete, poeta, rapero, tallerista, artista, entre otras formas. 

La segunda ocasión que escuché a Rojo fue en el festival de performance Hemisférico organizado por la Universidad de Nueva York también en CDMX el año pasado, recuerdo la imagen de ese momento: era un lugar semicircular, con Rojo parado al centro derecho, envuelto en un torbellino de palabras que subía poco a poco. Era como la Alicia gigante que queda atrapada en la casa, pero él, a diferencia de Alicia no lucía incómodo dentro de su cilindro de versos ascendentes, puede ser que esta imagen sea un efecto tramposo porque ese día me senté en las primeras filas, porque Rojo es alto y sabe jugar muy bien con las palabras o porque me comí un brownie misterioso antes de la función, muy probablemente sea la combinación de todas. Sin embargo, no les cuento todo esto solo para presumirles mis idas recreativas al teatro (cuando permanecían abiertos) sino para poder presumirles a Rojo Córdova y así hablarles  de la performatividad de la palabra viva, del poder del enunciamiento, de la voz como herramienta, como medio; el lenguaje como vehículo, escudo, casa y encuentro.

Hay un placer en nombrar las cosas y hay virtud en aquelles que se enuncian en público con valentía y gusto, las palabras son transparentes al mismo tiempo que juntas forman cubos rubik que no se resignan a ser solo cubos, hay un universo latente en lo que se dice y escucha del mundo, de nosotres, hay un ritual oculto en cada pronunciación. Por eso aplaudo a les que poseen el don de la palabra hablada, y es justo por eso que voy a volver a traer a Rojo al tema. Escucharle no sólo es ameno y divertido, también podemos darnos cuenta la manera crítica en la que observa al mundo, Rojo es una suavicremosa combinación entre poeta, locutor, rapero y comediante, tiene un timing perfecto, lanza y malabarea beats, armonías, versos y montones de poemas libres, al mismo tiempo y en el mismo espacio. El compromiso de Rojo con la palabra va más allá del yo, ya que no solo ha gestionado micrófonos abiertos, circuitos de slam y festivales, también ha trabajado en una antología lustral en la que reúne el trabajo de diversxs creadorxs de poesía en voz alta de todo el país, él sin duda es parte fundamental de la construcción de la comunidad de eslamrxs en México. 

A Rojo se le nota la ciudad, lo diverso, lo paseado , lo móvil, lo colectivo. Córdova respalda a su barrio y lo dice, lo versa y eso es hermoso. Es decir, el chico ha hecho su tarea, tiene un dominio del método y un auténtico gusto por compartirlo, esto lo sé no solo por seguir su trabajo, si no gracias a que pude tomar el Módulo 1 de su taller de spoken word titulado “Verso gozoso / Verso poderoso” en el que por medio de la teoría, juegos, la práctica y una chulada de bibliografía, pudimos aprender y desmenuzar las rimas, los tiempos, las figuras retóricas, lo dadá e incluso aprendimos a hacer etnopoemas, todo a través de una dinámica horizontal, esto último me pareció lo más valioso del taller, ya que destaca a Rojo no solo como un buen poeta si no también como un gran facilitador. 

El taller de spoken word de Rojo Córdova nos invita a enunciar desde el gozo todo aquello que nos anida dentro, nos invita a tomar la palabra sin monopolizarla, nos recuerda que la palabra no tiene dueño, que está viva, y porque lo está, podemos abrazarla, encarnarla y dejarla ir a otros cuerpos.

Puede que esta nota  parezca más bien un post larguísimo de apreciación a Rojo, está bien no lo negaré, sin embargo me parece importante no dejar de mencionar su adaptabilidad y su resolución ante lo virtual. El cuerpo es parte fundamental de la palabra viva, aquelles que nos enamoramos de los micrófonos abiertos lo sabemos en las articulaciones y a pesar de que éste taller fue frente a un pantalla, he de decir que puedo recordar a cada une de mis compañeres por sus gestos, sus conversaciones con las manos, su manera de cerrar los ojos al recitar, puedo recordar todos y cada uno de los cuerpos parlantes compartiendo gratamente, lo que hace al título de este taller no solo un acierto si no también un logro.

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