Shampú Vudú
Ruta Silviaje

Shampú Vudú

Las penas nos apuñalan y se nos clavan al cuerpo, nos hacen trampa, se esconden y con el tiempo se convierten en un hechizo vudú. Necesitamos sanar, y pa’ sanar el cuerpo siempre hay que empezar con cumbia. Dos payasos a dos caderas con límite de tiempo; una cumbia lenta y amorosa da la bienvenida a Shampú Vudú.

Este número es un divertido viaje sobre los males del corazón y las dudas existenciales que acompañan en su andar a les payases, como a todes. ¿Cómo vivir de la risa en un mundo que nos llena de agujas y de miedos? Nano Lara La La, a través de este trabajo, nos recuerda lo vital que resulta un abrazo, un beso, una ducha caliente y un bailecito en estos tiempos violentos que se visten de apocalípticos, pero sobre todo nos enseña que para remendar el corazón siempre hay que volver a une misme, tomarse el suero del amor propio y regresar a casa (que es el cuerpo) después de un largo viaje de perseguir sin tiempo al conejo blanco de Alicia.

Esta aventura astral de risas, clown, luces y sombras, se constituye no sólo como una pieza para todo público, si no también como un proyecto multidisciplinario de reflexión colectiva a través del humor.

Su lenguaje universal de ruiditos y muecas, no sólo hace a la pieza sumamente divertida si no que además permite ser disfrutada por todo tipo de públicos, de diferentes edades en diferentes países. Su ritmo suave incluso le podría permitir ser presentada para aquellos públicos más pequeños a los que se les niega el teatro por alguna discapacidad, esta pieza permite el ruido, la risa, el gozo, la palabra, la participación de todes, lo permite y lo requiere, esa la otra gran parte del corazón de este número.

La iluminación y los juegos de sombras son bonitos y afortunados, las proyecciones son una acertada colaboración de Damián Cornalgia, las luces, sombras y proyecciones bailan con la música y la acción escénica, no hay abuso del recurso.

A este proyecto, no se le notan las costuras pero si el trabajo, sin duda Shampú Vudú es un baño refrescante de risas y suspiros de ternura que vale la pena no perderse, incluso me atrevo a decir que es uno de lo mejores unipersonales de payaso mexicano que he visto.

Fotografías cortesía de Andrea Marroquí

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