De narices coloradas y sombrillas rojas
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De narices coloradas y sombrillas rojas

El trabajado inspirador de un clown mexicano y la danza circense de un dúo estadounidense vinieron a emocionar y sorprender a los amantes del circo.

Dentro del marco de la séptima edición del Festival Internacional de Circo Periplo, el pasado viernes 5 de julio previo a la presentación de Eventide en LARVA, se llevó a cabo la premiación del artista Andrés Aguilar por su destacada trayectoria como clown y su aporte al desarrollo de la cultura desde el ámbito artístico. La noche dio inicio con las palabras de Juan Méndez quien fue el encargado de entregar la estatuilla al clown. Aguilar expresó su gran emoción al ser elegido para el reconocimiento y leyó una carta dirigida a sus padres en donde les agradeció por el apoyo incondicional que siempre le brindaron. “La vida es muy corta para no hacer lo que venimos a hacer: ser felices y hacer felices a los demás”. Compartió en su texto el artista. Para la conclusión de su discurso el creador de Risaterapia se colocó orgullosamente su nariz roja y fue acompañado por los demás integrantes del proyecto, finalmente el público se unió a la celebración con aplausos.

La velada continuó con el espectáculo de los invitados internacionales Kyle Driggs y Andrea Murillo, quienes presentaron una serie de actos en donde el circo, la danza y el teatro convergían en una misma pieza.

La ambientación sonora marcó el comienzo de la pieza, como si fuese un telón inaugural, una estructura de órbitas se elevó desde el piso hasta llegar a colocarse varios metros sobre el escenario. El humo nublaba la escena oscura que apenas se iluminaba, en el trayecto uno ya podía descifrar que lo que estaba ascendiendo era un trapecio con órbitas ascendentes del centro hacia afuera. El aparato terminó de colocarse y quedó inmóvil coronando el escenario.

La escenografía se limitaba a unos cuantos objetos del hogar: un par de sillas, un sillón, una mesa y dos cortineros. Estos se movían, se reacomodaban o se quitaban totalmente según el acto.

La primera ejecución nos mostró una serie de propuestas dancísticas y teatrales, un hombre y una mujer aparecieron en la escena y comenzaron a ejecutar una secuencia de movimientos pequeños pero precisos, la coreografía ejecutada por cada uno complementaba la acción del otro de tal manera que parecían un engranaje humano, no se tocaban pero los movimientos a distancia embonaban entre ellos.

La obra transcurrió en una especie de actos que se marcaban con los cambios de música, iluminación y el tipo de intervención de los artistas. Al primer acto le siguieron otros más como la improvisación con objetos, los malabares, la acrobacia, la ilusión visual y el trapecio. En todos ellos, los cuerpos en escena se mantenían enérgicos, elegantes, amplios y certeros, la danza estuvo presente todo el tiempo acompañando a cada acto y destacando la presencia del cuerpo sin dejarlo olvidado y consumido por los objetos que manipulaban o la actividad que desempeñaban. En cada una de sus ejecuciones los artistas amalgamaban la actividad circense con el virtuosismo y la consciencia corporales, en más de una ocasión parecían estar contando una historia, en ocasiones de amor o complicidad y en otras más de enfrentamiento.

La musicalización en la mayoría de las secuencias era armoniosa, sólo en las escenas de cambio de acto o confrontación surgía un sonido más denso o desconcertante, sin llegar a ser altamente disonante o molesto. El vestuario de los ejecutantes era elegante y sobrio en un momento de color oscuro y al final en color blanco.

Sin duda alguna uno de los atributos del espectáculo recae en el aspecto visual de la pieza, los elementos y objetos utilizados en escena en conjunto con la iluminación generaban más de una imagen armoniosa y llamativa que mantenía la sorpresa constante en el espectador. Kyle Driggs impresionó con sus números de malabarismo y manipulación de objetos, así como con su presencia y disociación corporal presente en todo momento. Andrea Murillo por su parte también colaboró en algunos de los actos de malabarismo, destacó en el trapecio de órbitas y principalmente en el aspecto dancístico, pues sus frases de movimiento eran limpias y enérgicas, características que impresionaban y mantenían la atención en ese cuerpo incesante.

Eventide concluyó con una lluvia de sombrillas rojas, un acto de malabarismo ejecutado por los dos artistas. Debajo del trapecio la pareja se desplazaba de un lado a otro  lanzando y tomando del aire cinco sombrillas rojas, creando una bella imagen entre el contraste de los cuerpos expectantes y veloces y la suavidad con la que los objetos caían o se suspendían en el aire.

Las luces cesaron y el sonido de la ambientación cedió paso a los aplausos y “bravos” de un público complacido.

Esta pieza habla de un circo contemporáneo y de un momento en que las disciplinas artísticas se fusionan para dar lugar a nuevas propuestas o para enriquecer las anteriores. Si, el circo puede ser únicamente un espectáculo, sin embargo la contemporaneidad nos esta dejando ver que tiene algo más que decir y que el lenguaje poético está presente también, en esta ocasión tenemos una obra que no sólo presenta el dominio de una técnica como un número más sino un conjunto de elementos que nos pueden contar una historia, que pueden emocionar y que pueden ir más allá del mero entretenimiento, uno cuerpos vivos que hablan por si solos en todo momento.

Fotografía: Emmanuel ‘Manny’ Moreno

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