FIMPro 2019: Una mirada interna a la industria musical (pt. I)
Música

FIMPro 2019: Una mirada interna a la industria musical (pt. I)

Llega el segundo día de la FIMPro y con él, llegan los verdaderos motivos que nos tienen aquí reunidos. Después de las primeras actividades del programa celebradas el día martes 28 en el Edificio Arróniz de la Secretaría de Cultura (y sin contar el Segundo Encuentro de Periodismo Musical, celebrado en el Conjunto Santander de Artes Escénicas de martes a viernes a las 9 de la mañana), el miércoles nos trajo una serie de actividades que pusieron de manifiesto los beneficios de un encuentro de esta índole.

Mientras deambulamos a través de los amplios corredores, jardines, plazas, salas y foros del conjunto sede, examinando las conferencias, charlas y dinámicas pensadas por y para los profesionales de la industria musical, conversando y escuchando a agentes de muchos rincones del mundo, tanto asistentes como conferencistas dejan entrever una preocupación fantasmal y permanente sobre el presente de la industria.

Es entonces que se vuelve claro que el grueso de las inquietudes del sector no gira tanto en torno al futuro de la industria, sino a su cruel presente. No importa si eres de Guadalajara, CDMX o Argentina, los problemas de sobresaturación de contenidos, déficit de audiencias e irregularidad laboral permea en todas y cada una de las interacciones escuchadas y participadas. No es que el futuro no importe, pero mientras escuchamos a Ariel Etbul de Ditto Music predicar en su taller ¿Cómo hacer para que las personas colaboren para un común?, al respecto de la importancia que está cobrando (y que no muestras signos de retroceso) la aplicación de la Big Data, la viralización planeada y el aprovechamiento de algoritmos en la distribución de los contenidos, para luego convertir su participación en una sesión de terapia grupal para músicos, managers, bookers y promotores, y ver cómo este patrón se repite en las diversas actividades programadas, empiezas a notar que quizás la crisis más preocupante a la que nos enfrentamos en nuestro nicho, sea una moral.

Mientras el día avanza (y con él, el desfile de showcases que nos llevará del “Promenade” en el CSAE, al Bismarck en Av. México para finalizar en Chango Vudú, en la Colonia Americana) el aire pesimista y preocupado (aunque nunca directamente admitido) empieza a dispersarse con los primeros acordes de Purahei Soul (Parguay), dando paso a Neoplen (México) y Alex Alvear & Wañukta Tonic, un aperitivo lleno de sonidos y motivos folclóricos latinoamericanos, sólo para guardarnos los platos fuertes para después.

Una vez en el foro Bismarck, el trío de folk norteamericano The East Pointers nos lleva de la mano a una noche con múltiples sorpresas (grandes aplausos para la curaduría), pues la intensidad y los matices de las propuestas presentadas sorprenden a más de un incauto (su servidor incluido) con la groovy y sensual energía de Pierre Kwenders y el sonido casi anárquico (indie y punk a partes iguales) de We Are Wolves, mismos que, desafortunadamente, eclipsan el blues estándar de los nativoamericanos Digging Roots.

Cansados, pero dispuestos, el remanente de la comparsa FIMesca arriva a Chango Vudú para soltar la bomba nuclear de la noche: los brutales Five Alarm Funk, con un sonido estridente pero extrañamente comprensible (y 100% eufórico) repleto de jazz, funk, reggae y ska, acompañado de una interpretación y un desempeño escénico inmejorable que sacudió las entrañas del venue, y volcó los oídos y corazones de la audiencia hacia la industria musical canadiense. Cansados, pero dispuestos, el remanente del remanente de la comparsa FIMesca emprendemos retirada, pues otro día de FIMPro nos espera. Seguimos reportando.

Fotografía de Cecilia Godínez para Sombra Emergente

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