Reflexión sobre el sentido racial en Chile
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Reflexión sobre el sentido racial en Chile

Perro Bomba presenta una riqueza  sustancial más que formal y ello le es suficiente para conducir al espectador al acto reflexivo y analítico, exponiendo la decadencia de nuestra empatía y nuestra falta de humanidad.

Dentro del marco de la edición número 34 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), tuvo lugar el estreno de la obra primigenia del cineasta chileno Juan Cáceres, Perro Bomba, la cual contó con tres proyecciones a lo largo del Festival.

El relato fílmico nos narra la historia de Steevens un joven haitiano que reside en Chile; su carácter de inmigrante dentro del sistema político y social lo vuelven víctima del imperante racismo que deviene en el maltrato y los abusos a los que es sometido. Una advertencia a modo de profecía en las escenas iniciales se hace notar: No confíes en nadie, vemos caras, vemos cuerpos, pero no podemos ver corazones.  

El afecto hacia un amigo que recién llega a la ciudad hace que pierda su empleo, su alojamiento y su permiso para permanecer en el país a la par de sus relaciones más cercanas. Conforme la cinta avanza, su condición precaria se intensifica y pese a encontrar una abogada dispuesta a ayudarlo, la ley y la sociedad misma parecen haber olvidado los derechos humanos.

Still del film

El séptimo arte tiene un sinfín de posibilidades temáticas al igual que cualquier otro soporte discursivo, Cáceres elige enfocarse en el fenómeno migratorio y el racismo. Al tratarse de una ópera prima no se puede catalogar aun un estilo particular del director, sin embargo es notable su interés por una línea temática que se aleja del mero entretenimiento o la ficción para mostrarnos la realidad que acontece en Chile.

La película ofrece un panorama identificable no sólo en Latinoamérica, pues la migración y la xenofobia son temas latentes en todo el mundo. La iniciativa de tomar la cinematografía como un espacio de denuncia y de reflexión, aunque no es novedosa, es efectiva: da apertura al debate y a la reflexión acerca de lo que  retrata el director. Por la estructura narrativa y el estilo con el que se presenta, la obra, tiene un tinte documental sin llegar a consolidarse en su totalidad dentro de este género.

Alejandro Ugarte, productor del filme, dentro de la sesión de preguntas posterior a la proyección de la película, explicó que carecía de un guión como tal y se valía de escaletas para la construcción del diálogo, esta improvisación de la que se habla juega a su favor pues les da libertad a los intérpretes de enriquecer y aportar al diálogo que los condujo a lograr un realismo certero.

Si bien este aspecto puede llegar a cuestionarse al momento de medir el mérito de la actuación o del guionismo, por el carácter e intención del largometraje, se vuelve acertado que los actores formen parte de la inventiva de los diálogos: da voz a quienes no la tienen. A la vez implica un reto para los actores pues la improvisación no es una mera ocurrencia, es una dinámica que requiere de cierta destreza y práctica por parte de los intérpretes.

La mixtura de actores naturales (llamados así por el mismo director a los intérpretes que no han desempeñado de manera profesional  anteriormente) y artistas de renombre no permea en la calidad interpretativa, la unificación entre amateurismo y profesionalismo llega a lograrse desde el trío principal de actores: Steevens Benjamin, Alfredo Castro y Blanca Lewin, hasta el resto del reparto.

Las tomas con cámara en mano contribuyen a la verosimilitud de la historia, oscilan principalmente entre el primer y el primerísimo primer plano, esta característica nos da una mirada mucho más íntima hacia el gesto y el aspecto de los personajes a la vez que contribuye a la descripción de lugares o elementos, es decir las texturas y objetos enfatizando cada aspecto mostrado volviéndolo más significativo y comunicativo.

Los planos generales que aparecen de manera intermitente en algunas escenas  nos brindan  descanso visual, esquivando la densidad tortuosa. Algunos de estos planos generales por otro lado funcionan para sacarnos un poco de la historia principal y mostrarnos los aspectos festivos y expresivos de la cultura haitiana en Chile, pues las pequeñas escenas que se intercalan con la historia del protagonista a lo largo de la película, retratan bailes y canciones interpretadas por niños y adultos, hombres y mujeres por igual.

El acierto está en mostrar la identidad haitiana más allá de su entorno.

La fotografía carece de preciosismo y en ese sentido la imagen y el discurso dialogan mostrando la crudeza y el realismo. La musicalización se coloca de manera coherente con las escenas en las que se utiliza. La iluminación y el vestuario contribuyen al naturalismo de la pieza que se inclina por un retrato fidedigno de la realidad.

Las líneas de diálogo, las locaciones y las situaciones expuestas, se presentan como testimonios de una forma de vida a la que somos ajenos, cada uno de esos elementos nos muestra cómo es vivir bajo la humillación, la inestabilidad y la opresión. Y cómo en la búsqueda de recuperar un poco de dignidad mediante actos de rebeldía, solo se encuentran más problemas. Un ejemplo de ello se desarrolla cuando el protagonista golpea a su jefe, luego de que éste le recita una serie de ofensas a su amigo, inmediatamente pierde su trabajo, su licencia y a sus amigos cercanos pues ahora el mismo gueto haitiano se torna contra él por la agresión que cometió. Otra cosa que podemos rescatar de esta escena y en general del personaje de Steevens, es que se trata de una persona atrevida, que constantemente se manifiesta en contra de la sumisión, la injusticia o el maltrato y aunque esto solo empeora su situación, de alguna manera defiende su identidad y busca su desarrollo, cuestiona su situación y su entorno y eso es un mensaje muy importante para las personas que se encuentran en este tipo de situación.

 Dejando de lado la historia y situándonos en el contexto actual, Haití se caracteriza por tener una cultura muy conservadora la cual mantiene hasta nuestros días, por ello, entre otras cosas tienden a ser muy  respetuosos con la figura autoritaria. Esta característica cultural, resulta benéfica para los chilenos que emplean inmigrantes haitianos, pues los explotan aprovechándose de su sumisión y su condición. Hace alrededor de tres años comenzó a surgir el desplazamiento de haitianos a Chile, en muy poco tiempo este fenómeno creció de manera exponencial y los chilenos lo resintieron. La hostilidad hacia los migrantes haitianos, no se hizo esperar y actualmente es una situación lamentable para la cual, no se ha destinado una acción efectiva que permita mejorar la situación de estas personas.

Sin lugar a dudas, Perro Bomba es una película que induce al pensamiento crítico y a la reflexión pues al conducirnos y acercamos a una realidad de la que somos conscientes, pero en la cual no reparamos con detalle, nos muestra la imagen de la condición en la que se encuentran sumergidas miles de personas migrantes y como el mismo sistema y la sociedad bloquean cualquier posibilidad de desarrollo y mejora, con ello nos da la oportunidad de conocer más a profundidad esta situación para posteriormente cuestionar nuestra postura frente a este fenómeno y la manera en la que lo concebimos, ¿por qué nos empeñamos en señalarnos con etiquetas?, ¿cómo es que perdemos la empatía, ensimismamiento, ignorancia?, ¿qué condiciones son las que hacen que prolifere la delincuencia?, ¿qué acciones se deberían tomar ante este tipo de situaciones?

Cáceres nos trae un contenido valioso en una envoltura simple pero bien configurada, logra impulsar una temática que puede resultar controversial dentro de un país racista, se atreve a hablar de las ausencias, de estos temas en los que la sociedad prefiere mantenerse al margen y que el sistema político trasgiversa para que jueguen a su favor.  La exposición de este contenido político y social, busca una revolución de pensamiento que posteriormente se traslade a acciones y sería deseable que así sucediera, es una tarea muy ambiciosa pero no imposible.

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