Ruido y quietud
Danza

Ruido y quietud

Por: Carolina Gaspar

Desde Israel, llega al escenario del Conjunto de Artes Escénicas una puesta en escena minimalista que cautiva los sentidos del espectador, llevándolo a un viaje guiado por la música y el movimiento.

La noche del pasado miércoles 10 de octubre, dentro del marco del Festival Onésimo González y bajo la dirección de Noa Wertheim Vertigo Dance Company presentó la pieza titulada White Noise. Un cuestionamiento acerca del cotidiano de la era moderna; las maneras de pensar y de vivir, donde se ejemplifica la búsqueda de la tranquilidad interior en un entorno donde el ruido figura alrededor del individuo.

Haciendo uso del cuerpo y la ambientación, la obra se vale únicamente de la danza y la música para evocar diversas emociones en el espectador.

Sobre el escenario podemos ver a diez bailarines con un atuendo holgado de tonos grises, en conjunto con la iluminación, el ambiente tiene un toque urbano pero a la vez silencioso, atrapado en una dimensión neutra en donde lo único que se puede observar son los cuerpos que se mueven como ruido, como quietud, que se mueven con la música y sin ella.

La pieza comienza y los bailarines salen del fondo del escenario, parecen venir de la nada; se desplazan a proscenio hacia unos bancos que emiten luz en contrapicada desde sus bases, se sientan sobre ellos y descubren sus espaldas para dejarnos un código de barras, a partir de esto podríamos asociar el performance con el consumismo, o la cosificación de un cuerpo, pues esta escena nos los muestra como un catálogo de productos dispuestos en línea. Los códigos por la vestimenta terminan viéndose solo ocasionalmente en el resto de la obra.

La fuerza de la pieza radica en la composición musical, el concepto minimalista y el movimiento corporal. La musicalización nos envuelve en una profundidad espacial y neutral que apela a un vacío temporal, hecho que permite destacar cada una de las coreografías. El ímpetu y la destreza se encuentran presentes en cada ejecución de movimiento, tanto en los cuerpos que se enfrentan como en los que callan y reflexionan.

White noise quizá llega a ser intrincada, pero justamente se trata de una invitación al goce estético sin reparar en la explicación de cada elemento visto o escuchado. La propuesta pone ante los ojos del espectador una calidad de
movimiento particulares del trabajo coreográfico israelí, con secuencias de imitación y repetición, donde el motor del movimiento se concentra en una parte especifica del cuerpo.

La puesta en escena se desarrolló a lo largo de sesenta minutos, durante los cuales el público permaneció atento y finalmente aplaudió el trabajo de la compañía israelí.

Fotografías de Emmanuel Manny Moreno para Sombra Emergente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *