De creativos y naranjas industriales: Un ‘patacongreso infinito
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De creativos y naranjas industriales: Un ‘patacongreso infinito

Con happening, canto lírico, talleres y la palabra “naranja”, el 4º Congreso de Industrias Creativas reunió a gestores, artistas, emprendedores y demás agentes de la movida cultural local, nacional e internacional para hablar sobre los retos y experiencias de distintos profesionales latinoamericanos.

La economía naranja (o “creativa”) es un concepto ideado por el Banco Internacional de Desarrollo y comprende los sectores en los que el valor de sus bienes y servicios se fundamentan en la propiedad intelectual, como por ejemplo la arquitectura, las artes visuales y escénicas, las artesanías, cine, diseño, editorial, investigación y desarrollo, juegos y juguetes, moda, música, publicidad, software, TV y radio, y videojuegos.

¿Por qué “naranja”? Aparentemente es el color de la creatividad. Sí, así de simple; así de redundante. Una pregunta más importante sería, precisamente, ¿por qué esto es importante?, ¿qué justifica la inversión para este congreso por parte del gobierno del estado? De acuerdo al mismo BID en su libro La Economía Naranja: Una oportunidad infinita (escrito por Felipe Buitrago Restrepo e Ivan Duque Márquez) este tipo de industria alcanzó a generar mundialmente los $4,3 billones (o el 120% de la economía alemana), una cifra por lo demás sorprendente considerando lo poco que se conoce del tema hasta ahora.

El asunto es que luego de décadas, los gobiernos por fin están empezando a tomar en cuenta otro tipo de crecimiento económico; uno que concentra los derechos de autor y la propiedad intelectual como materia prima. Comerciar y traficar con ideas (en 2012 la economía naranja representó el 5º rubro principal de exportación a nivel mundial) parece ser una noción cuando menos romántica, sin embargo, empieza a entrar mejor en la cabeza cuando consideramos que esta industria no solamente abarca la producción cultural regional de cualquier zona, sino que también las industrias multimillonarias de Hollywood, Bollywood o Nollywood, el mundo de las aplicaciones móviles y los videojuegos. No es romántico, es capitalismo duro y frío.

Esfuerzos como el de este congreso dejan en evidencia un interés de las autoridades de treparse en el tren de las industrias creativas, no solamente como una forma de “apoyar” a la producción y al consumo de bienes y servicios culturales, sino que evidencia una desesperación casi malsana por desarrollar un “nuevo” nicho de mercado (esta vez “creativo”, “naranja”) que nos saque de la pauperrimización en la que industrias tradicionales nos han dejado desde hace ya varias décadas. Todo mundo está buscando al próximo Broadway o Sillicon Valley.

El problema evidente con este enfoque, tiene que ver precisamente con las formas para encontrarlo. Esfuerzos como el del 4º Congreso Internacional de Industrias Culturales y Creativas están muy bien para visibilizar el tipo de datos duros que acabo de expresar en este artículo, pero la pasarela de emprendedores, académicos, show(wo)mans, difícilmente aportan al know how de los procesos locales e interregionales bajo los cuales este tipo de miradas podrían permitir el desarrollo económico que este mágico concepto nos quiere aportar.

Mientras sigamos pensando que la cultura tiene más que ver con llenar un auditorio con p̶a̶l̶e̶r̶o̶s̶ cantantes para regalarnos 15 minutos de bella música mientras esperamos al próximo visionario que nos explique que lo que nos falta para salir de nuestra  ̶i̶n̶m̶u̶n̶d̶i̶c̶i̶a̶ vía de desarrollo es ser más creativos (…and get the hell out of the box!) y no comprendamos que lo que necesitamos de las Secretarías/Direcciones/Comisiones/etc. de Cultura (municipales, estatales y federales) es el diseño (e implementación, por si hace falta aclarar) de nuevas políticas públicas que propongan modelos de gestión pertinentes y una visión mucho más concreta de lo que queremos lograr en cada barrio, cada sector, municipio, comunidad y cluster para que el susodicho “ingenio” por fin nos rinda frutos.

La presentación de Lucina Jiménez estuvo muy bien, por cierto.

Fotografías cortesía de Secretaría de Cultura de Jalisco

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