Duelo de Analfabetas
Teatro

Duelo de Analfabetas

Por: Carolina Gaspar

Cuando escuchamos la palabra analfabeta sabemos que se trata de una persona que no sabe leer ni escribir y por consiguiente lo asociamos a lugares marginales con economía precaria, situaciones de migración y demás características. El término varía según el lugar en donde se emplee, pues en los países más desarrollados incluso se ha llegado a considerar analfabeta la persona que no tiene  conocimiento de un lenguaje técnico o algún otro idioma.

Dejando de lado el debate del significado y aterrizando las implicaciones de esta condición en nuestro país, se trata de una problemática aun vigente en donde la exclusión y la discriminación se hacen presentes. Como sucede con mucho otros problemas sociales de minoría, al analfabetismo se le ha tratado de forma superficial, avanzando sin prestar atención a su gravedad, ignorando el peso que aportan a los individuos e inmersos en el individualismo y la falta de conciencia.

Esta temática que forma parte de realidad de la educación en Latinoamérica fue traída al escenario del Teatro Degollado por la compañía Casiopea Teatro (Chile) quienes nos presentaron la historia de dos mujeres analfabetas que, sin esperarlo ni planearlo, terminan aprendiendo una de la otra invirtiendo constantemente los papeles de alumna y maestra en un ambiente de intermitente compañerismo.

La escenificación que mantuvo al público bastante divertido fue interpretada por Dolores Hereida y Gabriela de la Garza, fue con esta colaboración México-Chile que se despide la Muestra Estatal de Teatro 2018.

Todo transcurre dentro del comedor de la casa de Ximena (con “x”, no con “j”); una mesa con dos sillas, un refrigerador, un pequeño pizarrón, libros, periódicos apilados, unas cuantas macetas colgadas y otras tantas dispuestas en el suelo son los elementos escenográficos que acompañan a las actrices. Jacqueline es una joven maestra de español que tras concluir sus estudios se encuentra sin plaza y se dedica a leerle el periódico todos los días a Ximena, una mujer madura analfabeta en el sentido estricto de la palabra que se rehúsa a aprender a leer y escribir a pesar de la insistencia de la maestra.

Ambas mujeres sufren los estragos de una soledad que han sabido llevar a su manera y que dejarán expuesta conforme transcurre la historia.

Otro día más transcurre y como de costumbre: Jaqueline lee el periódico a su empleadora, quien, motivada por la satisfacción de que algún día le dediquen una carta de esas que dicen “querido lector”, por la búsqueda de aceptación social y finalmente porque quiere leer una carta que le dejó su padre, acepta ser instruida para dejar de ser una “analfabeta”.

Bajo esta rutina se desarrollan una serie de tensiones y discusiones llenas de humor en donde cada una va compartiendo sus temores y añoranzas abriéndose cada vez más a su realidad, conociéndose a través de la experiencia de la otra. Jaqueline nos retrata el ejercicio de la enseñanza como un reto, pues el estudio no le enseñó cómo enseñar y el título no le aseguró un empleo estable, así que pretende que su entusiasmo por trasmitir algo a la otra persona le sea suficiente, pero en el intento se da cuenta de su ensimismamiento y poco atrevimiento hacia la vida, que es justo lo que esta experiencia termina por brindarle: el vivir realmente y el sentirse más vivo al ayudar a otra persona.

Ximena nos plasma cómo en su caso resultaba lo mismo asistir o no a la escuela, pues a pesar de que lo había hecho, en lugar de ayudarla se limitaban a pasar por alto su analfabetismo y ella tenía que pretender que entendía. Dentro del proceso educativo no solo influyen la escuela y el núcleo familiar, sino también otras instituciones de variada índole, por lo que otro punto resonante es el abordaje de la religión y los medios, que se hacen presentes en la obra, ya que de cierto modo ejercen una forma de alfabetización al exponer como verdad lo que muchas veces aceptamos sin cuestionar, sin analizar la información de la que somos receptores. La puesta en escena termina por ser una reflexión acerca de la consciencia, la educación y la educación consciente, así como una invitación a la empatía y la tolerancia.

Fotografías de Emmanuel Manny Moreno para Sombra Emergente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *