Desde la ventana
Danza

Desde la ventana

Por: Carolina Gaspar

A lo largo de nuestra vida habitamos espacios diversos y nos rodeamos de personas distintas. Las construcciones rodean como testigos todas estas experiencias e interacciones. El hogar, por ejemplo, juega un papel importantísimo, nos define y lo definimos, ejercicio que comienza desde el nacimiento. En ese sentido la idea que propone el filósofo francés Gaston Bachelard de conceptualizar la idea de casa para el análisis del alma humana y el hogar como topografía del ser tiene sentido.

El hogar visto más allá de un conjunto de paredes, puertas y ventanas habla de nuestro ser y las particularidades de cada individuo en relación con él. La significación de los espacios se va extendiendo e incluso generalizando conforme los agrupamos, pasando a hablar de calles, colonias, ciudades etc.

Espacios Mutuos en la pieza Ventanas nos narra experiencias personal y colectiva a través de diversas secuencias de movimiento, hechos e historias que tienen que ver con el espacio, el hogar y los lugares abandonados. A continuación contaré mi versión desde adentro del escenario.

Desde mi ventana todo parece estar en calma, las luces se han apagado y el sonido ha comenzado, espero mi turno, respiro profundo, repentinamente me invaden los nervios y me alteran un poco, respiro profundo. Las otras chicas ya avanzaron es mi turno, la primera parte me agrada, es contar con el cuerpo, algo que no espera paciente, desde su centro hacia las extremidades los movimientos suaves se ejecutan a la par de la caminata. La conclusión de lo anterior da lugar al diálogo el cual es testigo de las historias que guardan las paredes y los lugares abandonados. Las palabras no me pertenecen, las historias no son las mías pero me identifico totalmente, tanto así que al decirlas vienen a mi mente las imágenes de las construcciones que he  recorrido al andar por el centro de la ciudad.

Las voces cesan y ahora nos encontramos al centro del escenario sentadas sobre nuestras piernas, la pequeña coreografía llena de líneas me recorre con la energía de la bailarina del frente. Desde mis ventanas más pequeñas veo los arboles frente a la casa de mi abuela, recorro la cortina del ventanal empolvado, junto a otra ventana cuento durante el juego de las escondidillas. Recojo un hilo del suelo voy tejiendo mi hogar, lo hago con cuidado y mirándolo fijamente cada ser querido que me rodea se encuentra en él.

Aveces las personas tardan más tiempo construyendo sus casas que el tiempo que pueden habitarlas…

Es el diálogo con el que continúo, el que me aprendí primero, me emociona decirlo y lo predico como si fuese algo muy grato de contar. Vuelvo a sostener el hilo y la mirada se mantiene en él, todo cae y ahora me preocupa más caer mal, pisar la falda, que me tiemblen los brazos, qué desastre.

Me coloco bajo la luz, exploro una ventana que nunca antes había visto. Está empolvada y no soy lo suficientemente alta para recargarme en ella, después de un giro me he vuelto inmóvil y quieta ahora yo soy una ventana y alguien me recorre. El danzón comienza a sonar, es mi parte favorita, recuerdo los pasitos pequeños que marcan al ritmo las parejas al pie del Expiatorio y me dan ganas de marcar el cuadro básico, pero ésta no se trata de una coreografía con esos pasos así que mi compañera y yo nos desplazamos con pasitos que se anteceden por un ronde jambe.

Es el turno de las palabras llenas de términos difíciles la mente se me ha puesto en blanco, termino de decirlo y continúo con una pequeña secuencia que va bajando de ritmo y siendo cada vez más abstracta mientras las demás se llevan la misma secuencia cada vez más rápido hasta el colapso. La línea de cuerpos se forma en proscenio, cada una dice nombres de calles. Respiro aliviada. Sacamos los carritos con fotografías de lugares involucrados en el proceso de la obra e invitamos al público a observarlas mientras una proyección acompaña el momento.

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