Flicker: Escuchar como motor de creación
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Flicker: Escuchar como motor de creación

Estamos en el lobby de musas, todos se sientan en el piso en un círculo, un candelabro gigante cae en el centro, es una lluvia de conchitas, una alusión al mar, el lobby tiene varios pilares que también se alinean de forma circular, todo luce blanco y solemne.

De entre el público salen Magdalena y Aníbal, se acercan y ya teniéndose cerquita, se mesen.

Lucen como un par de enamorados bailando una pieza lenta,
o como un diente de león que se deshace,
una hoja que cae de un  árbol,
una bolsa de papel que juega a hacer un poema con el viento,
un suspiro,
la voz de mar,
una conversación.

Pasan diez minutos de una intimidad sincera y hermosa, diez minutos de tenerse, de estar y ser para el otro, para los otros y diez minutos de generosidad en este mundo virtual e instantáneo es algo realmente revolucionario.

Su energía empieza a mutar, a subir de nivel el ritmo y usar la voz, pasan de una conversación a…

Una fiesta
un juego de niños en el patio
un conjuro
un ritual
un rave
un beat
un chiste
una risa
dos  risas
dos perros
dos aves
una pelea
un GIF
una canción pegajosa

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Lo que sucede entre ellos es un juego de improvisación a la vista de todos, no hay guion, solo se trata de escuchar, tomar lo del otro y transformarlo, se trata de acuerdos, de no abandonar al otro por muy loca que parezca la propuesta, de hacer equipo, de estar vivos y juntos.

La obra dura cincuenta minutos, con matices de alegría y risa, ternura, amor, desesperación, confusión y mucho movimiento.

He de decir que la reacción del público me pareció la parte mas interesante de esta pieza, y es que hubo gente que abandono el interés después de los diez minutos, personas que abandonaron la sala, personas que realmente querían abandonar la sala y no lo hicieron, entonces podías ver gente muriendo de ansiedad, gente lidiando con la desesperación, gente riendo, gente cuestionándose, gente aburrida, gente replicando el beat en su cuerpo que producía el movimiento y la voz de los interpretes, gente conectada con la obra, gente indiferente con la obra y la obra.

Al final (o para algunos al fin), Magdalena y Aníbal vuelven a la quietud y a su estado inicial, retoman el aire y nivelan su energía danzándose cerca. Entonces, la pieza termina.

Yo en particular disfruté mucho la obra, ver lo divertido y vivo que es la improvisación, el jugar al sí, lo difícil que es mantener una energía entre solo dos personas, observar el ejercicio de escuchar y ver su infinidad de posibilidades es algo que no suele verse en escena, puesto que en esta ocasión vimos al momento nacer y morir, no representarse.

También agradecí poder ver las diferentes reacciones del publico mientras la pieza corría, verle a los otros las caras, intentar descifrar sus pensamientos con tan solo la sugerencia de su gesto, observar todas las  reacciones, incluso las negativas, porque no aceptar las opiniones que no concuerdan con nuestro discurso o nuestra creatividad sería como si el arte no fuese hecho para toda la gama de sensaciones y emociones. Y si somos escénicos, con mayor razón sabemos que un gesto ya es en sí un comentario.

Convencí a Dyana (la fotógrafa del Filete) de quedarnos hasta el final, porque incluso ella pasó por una etapa de desesperación con la pieza donde no podía dejar de ver la hora.

Los esperamos y volvimos a sentarnos en el piso, esta vez en un círculo más pequeño, hablé primero yo, justo les explique todo lo que acaban de leer y terminé trayendo a la mesa (bueno al piso) la pregunta que ellos se plantean en el programa de mano.

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La pregunta en nuestro caso es: ¿qué sería lo esencial y constitutivo del hecho escénico? Flicker aventura una respuesta entre muchas…

Silviaje: Y díganos, ¿cuál es la respuesta que han encontrado con esta pieza?

(Ríen)

Aníbal: No es solo una, hay muchas respuestas. Las relaciones entre los cuerpos podría ser la respuesta para esta pieza, pero solo para ésta, porque luego hay piezas que incluso no involucran cuerpos.

Indudablemente el hecho básico de la escena es el tiempo compartido, con Magdalena y con el espectador.

Nosotros planteamos un ejercicio de escucha desde adentro y para el espectador (es decir nosotros), practicamos el escuchar al otro y entre lo que dijo y lo que tú entendiste, hay un tránsito que se vuelve otra palabra otra acción, es un ejercicio de escucha que en general nos hace falta en la escena y en la vida, por eso tomamos el espacio de manera personal, siempre lo hacemos así, solo necesitamos al otro y una bocina para los primeros diez minutos de música, el resto es “qué hago con lo que escucho”, cada lugar nos ofrece juegos y personas diferentes, lo hemos presentado en muchas partes y claro que el lugar siempre condiciona o aporta.

Magdalena: nosotros apostamos a un estímulo instintivo, que es para el que se deje afectar, porque eso queremos: afectar al cuerpo, como el cine o como el estrobo que tienes claros y oscuros, donde la gente a veces no entiende nada o ríe porque la referencia de lo que sucede en la escena le es cercano le es familiar.

Aníbal: buscamos al espectador propositivo y abrir las posibilidades de creación. Pensando en México por ejemplo en su política, cómo solo existen los monólogos, la palabra en una sola dirección y nunca habla la gente, solo se envían mensaje y se promete el dialogo pero jamás se escucha.

Magdalena: Flicker es eso un parpadeo, la referencia la tomamos del cine (The Flicker 1965), como un estrobo, un claro y un oscuro, que te da un ritmo, que te lleva a un estado. otra de nuestras referencias también fue la película de Make love not war 1966, en donde el director utiliza dos fotogramas de una pareja y los combina a diferentes velocidades, así es toda la película, los diez primeros minutos están basados en esta película.

No queremos ser enunciantes, nosotros escuchamos y dejamos que pase. ¿Cómo queremos generar la escena? Proponemos un tiempo compartido, un tiempo de escucha.

Flicker -como bien lo explican sus interpretes- es una manera clara, sencilla pero sobre todo generosa de abordar la escena, de regalarnos un movimiento y un estar en la escena que parte de la sinceridad y donde escuchar al otro es lo mas importante, algo que pensaríamos esta implícito en la escena y por ende en la vida y sin embargo se ausenta con frecuencia.

Fotografías de Dyana Torres para Sombra Emergente

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