Flor de Jericó: una danza desde las alturas
Artes Escénicas Danza

Flor de Jericó: una danza desde las alturas

Flor de Jericó es la pieza más reciente de Colectivo Extracto, una agrupación de artistas escénicos que como músicos, bailarines, clowns y actores, saben crear proyectos interdisciplinarios.

En este caso, Flor de Jericó corre por parte de la dirección de Melissa Priske, presentando una innovadora propuesta de danza vertical, donde el colectivo hizo parte de su exploración artística de este subgénero de la danza al público.

Para capturar desde una mirada interna la pieza, invitamos a tres de sus integrantes a compartirnos un poco del proceso y de su experiencia frente al público. ¿Qué ocurre tras bambalinas? ¿Cómo se prepara un artista, una directora para estrenar una función con altibajos en su proceso y con una propuesta arriesgada como lo fue la danza vertical en este caso?

Lee los testimonios que Lu Mendoza (intérprete), Paul Campos (músico) y Melissa Priske (directora) escribieron para Sombra Emergente.

Terminó la primera temporada de Flor de Jericó, podía percibir en las miradas de la colectiva almas llenas de alegría, y aunque alcanzaba a respirarse un ligero aroma a nostalgia por el ciclo concluido, en el rostro de cada integrante había dibujada una gran sonrisa.

-Lu Mendoza (Interpretación)

Al finalizar la última función, el espacio dispuesto como escenario se convertía en un hogar, un lugar lleno de abrazos, voces cálidas, un nuevo espacio lleno de confianza que abría paso al dialogo, a la crítica, a la retroalimentación.

Las felicitaciones y preguntas llenaban los campos de los oídos. Era imposible, en aquel ambiente de sentidos vivos, no recordar cada ensayo, cada miedo, cada meta alcanzada, cada creación construida colectivamente… nos encontrábamos allí, bajo el luminoso árbol colgante, habitando la síntesis de aquel largo y exigente proceso.

Para cada una de nosotras, bailarinas y actrices, la danza vertical regaló obstáculos distintos… obstáculos individuales que lograban resolverse gracias a las experiencias paralelas ajenas, a la expresión del sentir que cada una de nosotras compartía sobre la nueva técnica explorada, eran importantes los momentos donde dejábamos las cuerdas a un lado y le permitíamos el protagonismo al dialogo, pero más importantes eran los momentos donde el dialogo compartía espacio con la acción y se ejemplificaban las conclusiones a las que se llegaban.

No podría decir que fue sencillo homogeneizar el lenguaje corporal colectivo dentro de la danza vertical, pues de manera externa al proyecto, cada una de las integrantes poseemos formaciones escénicas distintas, pero sí puedo resaltar, que gracias a esa variedad de experiencias, los aprendizajes que cada una obtuvo durante el proceso fueron bastos y complementarios a lo ya sabido.

Mientras toda la gente se iba, pensaba en que un día ese espacio estuvo vacío, no había anclajes, cuerdas, arneses, no había luz, bailarinas, ni siquiera había música que lo hiciera vibrar… pensaba en que todo se construyó con mucho o poco esfuerzo de los integrantes y pensaba que no necesariamente siempre había fluido del todo bien, que en la marcha hubo amor y entrega pero que también existió la discusión, la frustración y la pelea, pensaba en otras obras del colectivo y mientras lo hacía descubría similitudes, mismos ritmos, mismas melodías que iban y venían… estábamos llenos de ciclos de creación cambiantes, ciclos que habíamos logrado concluir de manera armoniosa.


La obra para mí es una expresión de lo que es el ciclo de la vida y el cómo se puede llegar a trascender y llegar a ser inmortal con el esfuerzo comunitario de seguir, aunque haya sequía en largos periodos de tiempo y el camino parezca largo.

-Paul Campos (Musicalización)

La composición musical surgió de una sola pieza que en su es

tructura es de cuatro movimientos. En ella desarrollo las personalidades de las bailarinas según sea el grado de acercamiento. Por eso es que tiene tantos contrastes que podrían encajar en lo que a mí perspectiva son ellas. Los movimientos rápidos y estruendosos, la sutileza de un sonido, el silencio, son lo que definen la cotidianidad y el vivir un proceso o un ciclo que esté a punto de comenzar o terminar.

En medio de eso se encuentran los cambios de ritmo inesperados, la disonancia que va a consonancia y viceversa, simbolizando las transacciones inesperadas de emociones y sentimientos que trae consigo el vivir. Creo que los estímulos y sentimientos expresados pueden ser recibidos por el espectador de una forma muy fiel ya que los movimientos y la música fueron creados de una manera muy sincera.

La obra para mí es una expresión de lo que es el ciclo de la vida y el cómo se puede llegar a trascender y llegar a ser inmortal con el esfuerzo comunitario de seguir, aunque haya sequía en largos periodos de tiempo y el camino parezca largo, más allá de la estética, la técnica de la danza vertical, la música y la ambientación.


Gravedad, perspectivas y la inmortalidad de una flor nómada

-Melissa Priske (Dirección)

La danza Vertical me hace sentir fuerte. Cuando comencé a explorar esta técnica experimenté sentimientos de riesgo, vertigo, emoción, felicidad, miedo, confianza, fuerza, y un gran cuestionamiento sobre las posibilidades poéticas y corporales, considero que estas emociones se ven reflejadas en flor de Jericó.

Tenía ciertas ideas en mente y después de un tiempo explorando esta técnica llegó la flor de Jericó, para mí esta flor simbolizaba muchas cosas y me parecía un excelente punto de partida por todas las imágenes que me generaba; una flor fuerte, aferrada, resistente, sin limites y en una constante búsqueda, yo quería ver mujeres así en escena, mujeres bellas y poderosas que superan condiciones adversas generadoras de vértigo y que trabajan juntas, ésta fue mi búsqueda.

Yo quería ver mujeres así en escena, mujeres bellas y poderosas que superan condiciones adversas generadoras de vértigo y que trabajan juntas, ésta fue mi búsqueda.

La obra ya terminada; bailarinas, músicos y staff respiramos juntos tomados de las manos y terminamos nuestro pequeño ritual con abrazos. Todos a sus lugares, bailarinas suben las cuerdas para quedar en lo mas alto de la pared de nuestra pequeña cancha de squash que adoptamos como espacio escénico, yo estoy en el balcón con los músicos y staff, entra la gente y me sudan las manos, nos dan la señal y comienza el proceso de compartir todo esto que veníamos soñando, imaginando y creando, me siento nerviosa y feliz al mismo tiempo.

¿Para qué? ¿Qué quiero decir? Creo que nuestro trabajo siempre va a reflejar procesos personales con los que estamos viviendo, compartirlos me permite aprender, esta obra era un desafío para mí y quería hablar sobre los desafíos (corporales y espaciales). Me daba miedo y ese era un tema importante en el proceso creativo, necesitaba la ayuda de mi equipo y quería hablar sobre la fortaleza de la comunidad y sentía vulnerabilidad, creo que todos necesitamos aprender el uno del otro y yo aprendo de todos los que me apoyaron en este proyecto, aprendo de todas las preguntas que genera, de los comentarios que nos dan los espectadores al ver nuestro trabajo y me siento sumamente feliz al pensar que más allá de los gustos personales, ver propuestas así generen cuestionamientos, emociones, ganas de hacerlo diferente, porque cada uno de nosotros hablaremos de los mismos temas pero siempre desde nuestra trinchera.

Fotografías de Emmanuel Manny Moreno para Sombra Emergente.

Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *