CROTCH
Artes Escénicas Danza

CROTCH

La compañía española Baal vino a Guadalajara desde una semana anterior al Festival Bailar Apantalla para trabajar con creadores escénicos locales y hacerlos parte de su pieza Crotch. Una pieza transfeminista que denuncia y da voz al acallado.

Sombras. Luces duras. Oscuridad.

Cuerpos extravagantes, flexibles y maleables recostados en el piso abren escena.

¿Extravagantes? Diferentes.

¿Flexibles? Débiles.

¿Maleables? Manipulables.

Miedo. Vergüenza. Escondite. Represión.

A pesar de que son cinco los cuerpos desobedientes al estatus quo, y sólo uno el adecuado, éste último es quien dicta la sentencia al resto. Él abusa. Él reprime. Él humilla. Él. Él. Él.

La violencia es expresa y al público nos deja un resabio de vergüenza por el hecho de tener que hacer algo tan explícito para denunciar lo que ocurre todo el tiempo en todas partes. El constante ataque a una identidad que no se ha revelado, que no puede ser aceptada por el miedo y el castigo que trae consigo el hacer caso omiso a “la advertencia”.

Una serie de monólogos de experiencias propias abren el diálogo de la discriminación y constantes abusos que se sufren cuando se es parte de la comunidad LGTBI. Luis Betancourt, Esteban Alejandro, Dionicio Guillén y Damián Salmón se unieron a la dramaturgia de Catalina Carrasco para aportar con sus vivencias personales, las brechas que han tenido que encontrar para rebelarse a través de la danza y el diálogo.

Así, el performance que incomodó, que molestó, que denunció; dio voz a los cuerpos disidentes y más importante: lo hizo abriendo un espacio al diálogo. Expresamente, tras el micrófono se hizo una pausa al performance para invitar al público a hacer preguntas a los artistas. Cualquier duda sería aceptada sin juicio y respetada con una respuesta.

El arte tiene el poder de denunciar, de alzar la voz. También de ser violento. Pero al no buscar quedarse ahí, da pie a algo a lo que no estamos acostumbrados como los seres sociales que (paradójicamente) somos: abrir nuestra mente, mirar al otro, escucharlo, poner nuestro corazón en su pecho. Pues no somos otros, somos nosotros.

Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir.
Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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