Un Changarro de Historias

Un poema rumano con el puño en alto

 Columnista: Elías Leonardo

Ha dicho que no va más. Cuerpo, salud y edad, le han dado la orden de despedirse.

Con dolor y resistencia ante la realidad, Catalina asume que es el mejor momento para retirarse. No puede contener el llanto. Bañada en lágrimas nos avisa que ha llegado el fin de su trayectoria profesional como atleta y que el sueño de Tokio 2020 le corresponde a la sangre joven.

En algún rincón, Simone Biles, creadora de una nueva era en su disciplina, le rinde pleitesía y tributos silenciosos a la rumana que revolucionó la gimnasia en el comienzo del siglo XXI. Hoy día Biles sabe que es la reina, pero su corona se ofrenda a la mujer que le heredó el trono.

Catalina ya no puede. Y el mundo, así como sucedió con su comienzo, lo mismo con su desenlace, está a sus pies.

Una voz profunda en su alma le pronunció “México”. Catalina hizo caso a la voz y decidió dar su última exhibición como deportista de primer nivel en la tierra que abraza cuando hay derrumbes y que tiene el puño en alto como señal de emergencia o solidaridad en la tragedia.

Quiere ser una de nosotros. Quiere caerse y levantarse junto a nosotros. En su propio terremoto, ella nos ha elegido para sentir el cobijo de una sociedad que es capaz de hablarle de tú al afecto en pleno desastre.

En el Abierto de Gimnasia que se efectuará del 22 al 26 de noviembre en CDMX, Catalina Ponor pondrá punto final a su leyenda.

Catalina viene a México para entregarnos su reinado a cambio de puños en alto no pedidos, pero sí requeridos por su adiós.


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