Bondage: danza que ostentó sensualidad sin trascender al fetichismo.
Danza

Bondage: danza que ostentó sensualidad sin trascender al fetichismo.

Por: Andrea Esparza

Danza Contemporánea: Bondage
Fecha: Domingo 08 de Octubre del 2017.
Presentada en: El Foro de Arte y Cultura de Guadalajara.
Con motivo: De la muestra número 20 Festival Internacional de Danza Contemporánea Onésimo González.
Organizada por la Secretaría de Cultura.
Pieza de: Antonio González.

Al ser la primera, Bondage manifestó su presencia por emerger del público, entre las filas del recinto hasta llegar al escenario. Cinco personas, dos hombres y tres mujeres, con vestimentas alusivas al erotismo, que variaban entre lencería, medias de red, botas con plataforma y el esencial negro, camufladas con apariencia gótica.

Dado que la naturaleza de la danza contemporánea, es transmitir a partir de movimientos corporales manifestaciones que evocan alguna temática, la belleza estética se reafirma con la interpretación tanto individual como colectiva de la puesta en escena.

En este caso la atmósfera del foro se tornó sensual, planteando una situación que se apegaba al público variado, pero dejando claro que no precisaba de una historia sacada de un cuento de hadas, sino de una práctica que busca el placer, la liberación sexual y espiritual, potenciando la belleza del cuerpo humano; esto definido por roles, dónde las personas involucradas desarrollan ciertos acuerdos de confianza, siendo recurrente el uso de fetichismos como ataduras corporales y rituales que no necesariamente involucran el coito o estimulaciones erógenas.

En el escenario, la sensualidad entre los intérpretes era notoria, exploraban su cuerpo al desnudarse sin llegar al exhibicionismo, usando como único instrumento estético su cuerpo para el performance, dejando de lado otros elementos como podría esperarse por el título de la danza, las ataduras de cuerdas, simuladas únicamente con partes de sus prendas, ejerciendo los amarres sugestivos entre ellos.

La temperatura subió, estaba en su punto clímax, pues los interpretes contaban con la total atención de la audiencia, sin embargo pasado un rato, lo que parecía una propuesta más compleja, se tornó en una aparente improvisación, pues los movimientos de los artistas dimitieron de ser formales, tornándose en espontáneos, dejando de lado la precisión y dando paso a una individualidad que por un instante dispersó la propuesta que, hasta entonces definía a bondage como una comunidad que comulgaba con la idea, para transformarse en individuos que se someten a la práctica.

Un recurso que suele utilizarse como apoyo en la danza contemporánea para crear la atmósfera y contextualizar al espectador, es la proyección de imágenes en el fondo del escenario, alusivas a una temática; en esta ocasión fungió como vía para un flujo, que les permitía interactuar a cada artista uno con otro, rosando sus cuerpos entre ellos y recorriéndolos de pies a cabeza, avanzando hasta regresar al escenario para situarse en dos grupos, el primero que hacía alusión a un trío, mientras el otro simulaba una pareja, pero sólo por un instante, pues al final se fundieron convirtiéndose en una escultura viviente de cuerpos esbeltos, atractivos, sudorosos y pasionales.

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