La danza a través de Rhea Volij
Danza

La danza a través de Rhea Volij

Habla Casandra
De: Rhea Volij (ARG)

Rhea Volij: maestra, bailarina, filósofa, coreógrafa, intérprete. Tantos calificativos que buscan encerrarla, pero se niega. Se niega a ser la descripción en un programa de mano. Pues ella es danza, mejor dicho, la danza es a través y gracias a ella que la hace posible.

El hacer y el danzar con Rhea obtienen mayor relevancia cuando se conoce su antecedente de pensadora. Filósofa latinoamericana, tomó el Butoh y lo resignificó con la potente historia prehispánica que tiene nuestra tierra. Los paradigmas rotos por el Butoh que desafían la estética de la danza clásica, son reinventados por esta coreógrafa latinoamericana. A su vez, Rhea no busca una revolución latinoamericana, ni plantar su bandera blanqui-celeste en su forma de bailar, sino que se plasma ella con sus realidades. Sin nacionalismo ni pretenciones.

Fui lo suficientemente afortunada para estar presente una ocasión en la que Rhea compartió el nacimiento de la pieza Habla Casandra. Remontaba su trabajo creativo a su encuentro con una escultura inca que poseía una mirada dura y penetrante, fija al futuro. A su vez, su lectura de “Kassandra”, de Christa Wolf, que relata una parte de la vida de Casandra en la mitología griega: quien posee el don de la profecía y es maldecida para que, a su vez, nadie crea en sus pronósticos.

Rhea entonces platicó acerca de la importancia de escucharse a uno mismo, y escuchar a aquello que nos conecta de manera ancestral a la Tierra y al universo. Así, cuando llegué a la puesta en escena de Habla Casandra, pensé que me toparía con una pieza inmensamente personal e íntima. Y me sorprendió lo que en seguida vi.

Para empezar, lo que más atrajo mi ojo fue el completo control de Rhea con su cuerpo. Es como si cada una de sus células tuviera completa independencia y pudiera escuchar en ella un llamado, pues no se movía el brazo, la mano, el cuello… sino que cada milímetro de piel, músculo y hueso eran danzados por una fuerza que llevaron a Rhea de izquierda a derecha sobre el piso de linóleum que marcaba el proscenio.

El diseño sonoro jugó un rol esa noche: pues era quien danzaba con la coreógrafa. No había una acción-reacción entre la música y el cuerpo, sino que eran uno. Era como escuchar el movimiento de un cuerpo consciente de sí mismo; o poder ver las creaciones sonoras con un cuerpo propio.

Para una pieza que trata de la escucha, Rhea Volij expone la realidad en donde escuchamos demasiado a los estímulos externos, pero no prestamos atención a nuestra propia voz.

En ese momento en el que quise espejear el relato de Rhea y la pieza que se desenvolvía ante mí, me entró una sensación de confusión que me llevó a pensar que muchas veces nos hacemos uno con lo exterior: nuestras tareas, nuestra “vida” y solemos olvidar que no somos nuestro trabajo, ni somos nuestras relaciones. Despojarnos de todo estímulo externo es despojarnos de la presión de caber en una definición. ¿Por qué no mejor soltar toda esa expectativa y comenzar a escucharnos? Prestarnos como instrumentos para que la danza, el arte, la poesía, sea.

Fotografías de la pieza ‘Amaralaniñafuego’: Emmanuel Many Moreno 

Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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