Un Changarro de Historias

Los pedales de Karla

Columnista: Elías Leonardo

La última vez que vi a Karla fue en 2014. Subió a un trolebús que hizo escala en Eje Central. “Me deja cerca de mi casa”, me dijo mientras subía a la unidad.

Disparatada y ocurrente como es, se fue.

Remarco la imagen en mi memoria este 19 de septiembre. Ha transcurrido un día del desastre y Karla, sin pedírselo, se ha desvelado conmigo para difundir información o cooperar con lo que se ofrezca. Ella está en Ciudad de México, yo en Playa del Carmen, así que está lista con su bicicleta en cuanto le mencione un lugar donde urja ayuda, sobre todo comida.

Está por caer el 20 de septiembre.

Karla escribe con timidez: g-r-a-c-i-a-s. Le pregunto por qué hace eso.

-Estás en la playa, a lo mejor ya tienes sueño-, me confiesa.

-No. Hoy en mi casa contigo, con los tuyos, con los míos-, le reviro.

Es verdad.

A la distancia nos comunicamos mediante mensajes hasta que interrumpo nuestra charla de café.

-Karla, necesitan ayuda en Álvaro Obregón…

Puro silencio.

Imagino el ruido de una mujer angustiada y voluntariosa metiéndole pierna a una bicicleta llevando víveres y lámparas.

Debo permanecer despierto toda la madrugada. Karla y yo nos vamos a necesitar mutuamente.

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