Un Changarro de Historias

Miedos reales frente a una pantalla de cine

Columnista: Elías Leonardo

Martes 19 de septiembre de 2017.

Estoy en Cinépolis de Plaza Las Américas. Especifico que son complejo cinematográfico y plaza comercial ubicados en Playa del Carmen, Quintana Roo; paraíso del sureste mexicano que ha sido mi hogar desde hace casi tres años.

Vine a ver Eso en la función de las 13 horas porque es la primera del día, la función que se distingue por ausencia de gente en la sala, por tal motivo la película se disfruta mejor. No estoy solo. Me acompaña Ixchel, una de mis mejores amigas desde la adolescencia y quien coincide conmigo como vecina en territorio playense.

He apagado mi teléfono celular. Soy cinéfilo obsesivo que acudo al cine para sumergirme en el filme, por tal motivo no me gusta ser molestado de ninguna manera. Ixchel, por su parte, deja su móvil encendido sin sonido debido a que tiene un hijo pequeño y nunca se sabe qué puede suceder con un niño.

Toleramos la eternidad de minutos que dura la publicidad y avances de estrenos venideros.

Apenas estamos entrándole a las palomitas, apenas queriéndonos asustar con Pennywise cuando las escasas siete personas que estamos en la sala nos movemos como locos hacia y con nuestros aparatos móviles. En mi caso tengo que encenderlo luego de que Ixchel recibe mensajes sobre un sismo en Ciudad de México, sobre todo de sus familiares informándole que están bien.

Una pareja de jóvenes que está en los asientos detrás de nosotros expresa en sintonía “no mames”. Un señor que está en otra fila trasera, se incorpora de su asiento para bajar con prisa las escaleras. Una voz en las filas más cercanas a la pantalla pronuncia con volumen alto la palabra que nos ha sacudido: “Terremotooooo”.

Recuerdo entonces que mi madre llamó temprano para compartirme que iba ir al Centro Histórico para comprar sus materiales de bisutería; mamá elabora pulseritas y collares para ayudarse a sí misma tanto en manutención como en sentirse útil. Le marco. No contesta. Pienso también en mi hermana. Tampoco tengo éxito al intentar contactarla. Empiezo a preocuparme.

Amigos playenses me envían mensajes preguntándome si mi madre y hermana se encuentran bien. No puedo responderles porque no lo sé. Desde otras entidades del país también recibo cuestionamientos de preocupación respecto a mamá y carnala, por lo que dimensiono que lo ocurrido en Ciudad de México, Oaxaca, Morelos y Puebla es sumamente grave.

Aquí estamos, en una sala de cine, sintiéndonos impotentes, inoperantes, inútiles.

Llamamos. Llamamos. Llamamos.

Nadie nos contesta.

Tememos lo peor.

A la chingada Pennywise. Hay miedos más reales.

Foto de: http://amqueretaro.com/

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