Un Changarro de Historias

El refri vacío

Columnista: Elías Leonardo

Cada vez que un amigo o un familiar viene a visitarme pregunta qué tengo para ofrecerle de desayunar, comer o cenar.

-Búscate algo en el refri-, les respondo.

Abren el refrigerador y observan que a lo mucho hay unos cuantos huevos, un frasco de mermelada, una botella de salsa verde y una jarra de agua. Ah, es que al agua fría no puede ni debe faltar en Playa del Carmen. Ya saben, por aquello del calor que hace en el Caribe mexicano. De hecho, el agua es prioridad haga o no calor en cualquier rincón del planeta. En fin.

El asunto es que todos mis visitantes saben de antemano que mi refri está (casi) vacío. Tan tienen noción de ello que después de comprobar la carencia de alimentos en el aparato electrodoméstico, se sueltan en carcajadas junto conmigo. Sí, nos reímos de eso.

No, no crean que por crueldad o insana manera de desenvolvernos en la vida. Cierto, existe una situación precaria obligada por el desempleo o el empleo muy mal pagado, sin embargo, hemos contribuido en valorar mi funesto presente en materia de adquirir una despensa digna como una expresión humorística que ha hecho de mi hogar un recinto para la amistad. ¿Saben por qué? Porque conocemos la empatía, por tanto la desnudez del alma para mostrar lo que somos, humanos.

El hambre es apenas un fragmento del iceberg que cada individuo carga como una batalla silenciosa, dolorosa o reprimida, pero qué curioso que un objeto cuya función es enfriar sea el detonante para darle calidez a los corazones; ellos la conocen, yo también. No, no, tampoco es para darse de golpes en el pecho, pues descubrir nuestra forma de actuar en situaciones que jamás imaginamos es enriquecedor.

Por supuesto que fascina y se añoran un buen corte, una pizza o una pasta italiana, sin duda, ¿pero saben qué? La precariedad (a lo que muchos llaman pobreza) ha motivado que me enorgullezca de amigos y familiares que pisan mi suelo de jodidez, es decir personas que llegaron hasta donde llegaron pero a quienes les faltaba ser escuchados y compartir su experiencia al respecto.

Mi refri, su refri (casi) vacío, es una gran excusa para llenar.

De postre, mi estufa. Siempre hay comida caliente, y en mi hogar nadie se queda sin comer.

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