El jazz agarra la fiesta
Música

El jazz agarra la fiesta

Por: Axel Fabricio Amaya

Un inclemente desplante de virtuosismo, versatilidad y energía sacudieron el Teatro Diana por aproximadamente cinco horas este pasado sábado 29 de julio, durante la Fiesta del Jazz, una de las actividades del Jalisco Jazz Festival.

Henos aquí, un año más de la programación que Fundación Tónica tiene para ofrecernos desde hace ya once ediciones. Fundada en el 2006, Tónica ha sido una de los jugadores clave en el posicionamiento y la promoción tan renovada que ha experimentado el jazz en los últimos años y el Jalisco Jazz Festival no es su única actividad. De convicción social, es seguro decir que se trata de una organización más bien singular, tanto por el hecho de apostarle al jazz en lugar de la música orquestal tradicional a la hora de elaborar sus planes de desarrollo comunitario, como por su lectura tan utilitaria del jazz. La página web del festival reza: El jazz es parte de tu día. Si estás improvisando, eres jazz. Si creas soluciones, eres jazz. Si te sales con la tuya, eres jazz.

Esto me pareció interesante. Cuando el trío de Hiromi Uehara visitó la ciudad en el 2015, el Teatro Diana se vio infestado de un tipo de público muy particular: los músicos. En lugares como la Ciudad de México, es natural que existan diferentes públicos especializados para expresiones culturales específicas, sin embargo, en Guadalajara el panorama no tiene tanto tiempo de haberse abierto a expresiones mainstream/underground, ¡lo cual es curiosísimo! El k-pop, el jazz fusion, el black metal o la música balcánica son estilos que llevan décadas reclamando público en nuestro país y mientras otras ciudades han sabido aprovechar esto en orden de satisfacer a su clientela cultural (con toda la malicia posible en esta expresión), Guadalajara lleva muy poco manejando eventos de esta complejidad estratégica.

Los públicos especializados no son públicos comunes y corrientes. Mercadológicamente hablando, pudiera ser que se comporten de manera muy similar y lleguen a ser indistinguibles, pero la realidad es que estamos hablando de los uruk hai de los consumidores y esto viene a colación a efecto de la baja afluencia que se percibió en uno de los conciertos más espectaculares del año este sábado pasado. Esto no es bueno, ni malo. Las propuestas expuestas, aunque frescas y de primera calidad, podrían pertenecer aún a la emergencia o no cuentan con un fanbase lo suficientemente grande en la ciudad y aún así, el Teatro Diana no estaba vacío. Naturalmente desconozco los ingresos de taquilla recaudados, pero aquí viene lo importante: el público estaba ahí plenamente consciente y confiado de que iba a escuchar algo de calidad.

Pasadas las seis de la tarde el recital dio inicio con el Daniel López Trío, que de manera solemne y sobria, sin dejar de expresar un ligero aire de sofisticación en su manera de ejecutar un repertorio sirvió a los asistentes como un ligero entremés de lo que se aproximaba. Con un sonido que en ocasiones se aproximaba de manera sutil a un delta blues, el trío interpretó piezas de swing, bebop y cool con delicadeza y dejos de melancolía presentes en su primer material discográfico que se encontraba promocionando esa noche, titulado “New Home”. Quizás la presentación más sutil de la velada.



Poco después los Dirty Black Beans arrebataron al público de aquel estado taciturno que se había apoderado de la sala. Su explosiva demostración de rock and roll, country, blues y rockabilly (que en ocasiones coqueteaba con el psychobilly) fue una muestra de la influencia del jazz en la música negra interpretada por blancos a de mediados del Siglo XX y que después de todo forma parte de las estructuras clásicas del pop actual. A punto de cumplir sus buenos siete años, la agrupación está a nada de presentar su primer disco “Calavera Lullabies”.

La verdadera sorpresa de la noche llegó con Filulas Juz. Con fuertes reminiscencias a la nueva ola de jazz fusión del estilo de Snarky Puppy y compañía, esta agrupación se anunció con platillo y bombo al presentar al ya legendario Adrián Terrazas, que con su flauta y sax, cabalgó sobre las complejas composiciones de los queretanos. Sin duda una de las presentaciones emocionantes y placenteras de la noche, a mi parecer fue la joya oculta de este evento. (También están por lanzar un álbum, su segundo).

No menos disfrutables, los MediaBanda de Chile estremecieron al público con un estilo pesado, ecléctico y con aires de protesta. En palabras del líder de la agrupación, Cristián Crisosto, son nueve músicos en escena y suenan a… bueno, suenan a nueve músicos en escena. Es posible percibir los múltiples gustos musicales de sus integrantes, pues atraviesan del scat al metal sin ninguna dificultad dentro de una misma rola. MediaBanda es lo que pasaría si combinas a Pantera con Flying Lotus y Rush y dejas que eso sea dirigido por Miles Davis. Ellos ya publicaron un álbum antes de llegar y se llama “Bombas en el aire”.


Luego de tres horas y media, se nos anuncia que todavía falta un proyecto más por presentarse. Media hora después, no ha sonado el primer acorde y los asistentes nos sentimos ya más como niños desesperados que han estado cuatro horas sentados que como adultos pacientes que quieren escuchar algo (mucho) de jazz. Quizás impulsados por el llamado etílico del sábado o por la dificultad de moverse sano y salvo a través de 16 de septiembre pasadas las 10 de la noche, muchos de los asistentes comienzan a retirarse. En algún momento, se abre el telón más lento del mundo que revela un conjunto iluminados de manera más fría que los demás músicos.

Entre piezas concebidas como la composición de un robot descompuesto e ideas de astrofísica y ciencia ficción, el alemán Niels Klein hizo gala de toda la influencia electrónica de la música contemporánea alemana. Motivos Kraftwerkianos y una interesante simbiosis entre los metales y la modificación del sonido hacen a este proyecto titulado como “Tubes and Wires” (debido a las razones anteriormente mencionadas) uno de los conjuntos más experimentales de la noche. Y, para nuestra sorpresa, acaban de publicar un álbum titulado “Life In Times of The Big Crunch”.

 

Fotografía: Nidia Beltrán

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