Un Changarro de Historias

Por un puño de metal

Columnista: Elías Leonardo

Ha culminado el concierto de Bronco en Playa del Carmen, Quintana Roo. Gente corea el nombre de la agrupación. Gente corre hacia el área del camerino para buscar una foto o autógrafo de sus ídolos.

Al mismo tiempo hay caballeros que abandonan la Unidad Deportiva Colosio con lágrimas en sus rostros debido a que la canción del cierre les ha golpeado el alma; Lupe Esparza, Ramiro Delgado, René Esparza, Javier Cantú y José Esparza, culminaron su presentación en el escenario con un clásico de su repertorio, Oro.

-¿Por qué lloras?-, le pregunto a uno de los dolientes.

-La última vieja que amé, me dejó por pobre, por jodido-, responde sincero.

El tipo bailó y cantó solo toda la noche para irse a casa envuelto en llanto. Comparte que antes de llegar a su hogar pasará a comerse unos tacos, pues no desea que su esposa sé dé cuenta de que bebió y lloró. Teme a responderle una posible pregunta sobre el motivo.

¡Cómo le hacía falta Bronco al hombre!

Relato 2

Bronco, un sonido que no pasa de moda

Contentos por saber que están a escasos minutos de presenciar el concierto de Bronco, fans del grupo se preguntan y apuestan entre sí en torno a la canción que abrirá la presentación.

Unos dicen que Los castigados. Otros vaticinan Libros tontos. En el divertido cruce de pronósticos, ellos manifiestan con su emoción estar más que inmersos en algo de lo que ya son parte. Con tejanas de diversos colores, calzado cómodo para bailar y parafernalia reflejada en fotos de sus ídolos resguardadas en aparatos móviles, los devotos de Guadalupe Esparza, Ramiro Delgado, Javier Villarreal y José Luis Villarreal ‘Choche’, tararean rolas como si de un calentamiento previo se tratara.

Pero los devotos no están peleados con el tiempo ni con la modernidad, pues así como tienen presentes a Javier y Choche, ex integrantes entrañables de la agrupación, protegidos en la memoria colectiva del sonido que distinguió y distingue a Bronco, reciben con brazos abiertos a René Esparza, José Esparza y Javier Cantú, miembros actuales.

Se nos fue Choche, pero Bronco es Bronco

Radiante y entusiasta por creer que El sheriff de chocolate será la canción elegida para comenzar el concierto, esto con base en un sentimiento de apego hacia lo que fueron sus años mozos aún con la presencia de Choche, la señora que todavía lamenta la pérdida del querido baterista presume que su esposo y ella pudieron “escaparse” de casa (dejaron a los chamacos encargados con la suegra) para volver a ser novios.

¡Ha llegado el momento!

Bronco, sin saberlo, sube al escenario para abrir con Adoro, tema que ni mandado a hacer para la pareja que preserva el noviazgo a través de las letras que les permitieron conocerse y ser. Primero se abrazan, y después se ponen a cantar agradecidos por el instante.

Junto a ellos, muchas personas más. Muchas parejas más.

Relato 3

Cantándole, bailándole

Estoy, estoy, estoy perdiendo la cabeza por ti,
y voy, y voy, y voy a amarte toda la vida.
Serás, serás, serás para mí la más querida.
¡Cómo no te voy a amar! ¡Cómo no te he de querer!
Si tú eres para mí, si tú eres para mí el alma mía.
Pocas voces cantan. Muchos cuerpos bailan.

Generaciones actuales de plano desconocen la canción. Sus antecesores quizá hayan olvidado el tema por no haber sido uno de los éxitos más populares del grupo. Pero ambos polos del tiempo se dejan llevar por lo pegajoso de la letra para desentumir los pies y darle rienda suelta al bailongo.

Justo en los coros, Lupe Esparza se mueve con cadencia en el escenario para animar todavía más a los asistentes que comienzan a sudar el regocijo de la verbena.

Sin darme cuenta estoy cante y cante Como te lo digo mientras capturo fotografías del concierto. Me remonto entonces a las tardes de billar en el barrio, sagrado rincón del rompe y rasga al que acudíamos para agradecer o llorar nuestros romances acompañándonos de una rocola que emanaba himnos de todo tipo para el corazón, entre ellos uno que otro de Bronco. Íbamos muy “verdes” en varios aspectos de la vida, sin embargo estábamos aprendiendo a la buena de Dios el camino de los (des)amores. Y la música nunca faltó.

Han pasado los años y Bronco se escapó de aquella rocola para materializarse como si tratara de un obsequio de su parte en cortesía al resguardo de lo que fue una canción que en lo personal aprecio.

De chavo me puso a cantarla para apaciguar la partida de la que en aquel entonces se fue. De adulto me pone a cantarla para distraer la ausencia de la que se acaba de ir.

Estoy, estoy, estoy perdiendo la cabeza por ti.

Canto y canto, además de bailar lo que ha dejado de ser.

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