Recuento y despedida: Una retrospectiva de la artista de perfomance, Anúk Guerrero
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Recuento y despedida: Una retrospectiva de la artista de perfomance, Anúk Guerrero

Después de dos años fuera de la ciudad, la artista Mariana Guerrero Árcega, regresa para despedirse de un personaje que marcó sus primeros años de carrera con una exposición retrospectiva con la que planea cerrar con broche de oro aquella etapa.

Anúk Guerrero es el alterego que la artista Queretense, Mariana Guerrero Árcega, ha utilizado a lo largo de los años para realizar sus piezas performáticas. Se trata de un personaje que asume su identidad como un espacio ritual a través del cual puede manifestar ideas político-sexuales marcadas por la disidencia y la reconcepción de las estructuras de poder actuales.

La primera vez que supe de ella fue en el 2014, cuando escribí una crónica sobre el taller de Nadia Granados, “La Fulminante”, para la revista Amapola Cultura, actividad co-producida por su empresa: Nigredo Lab, la máscara social que utiliza para las relaciones institucionales, junto con su madre, Claudia Árcea. Aproximadamente un año después, cubriría su incursión en Microteatro GDL, con la pieza Éxtasis Pánica; a los pocos meses, Anúk dejaría la corona de espinas para retirarse a vivir a su ciudad natal, después de cinco años en Guadalajara.

Han pasado dos años desde entonces y Anúk ha regresado a reclamar el espacio que le corresponde en las carteleras culturales de la ciudad, con una exposición retrospectiva titulada: Féminas; Entre lo público y lo púdico, que ha estado presentándose en Galería Larva del 19 de junio al 1 de julio. A través de objetos utilizados en sus acciones, piezas de fotoperformance y el registro audiovisual de otra pieza, la artista nos cuenta una historia de introspección y dolor, contada en tres capítulos: Expiación, Redención y Comunión. Sobre estos nos platica:

Es un análisis de mi historia de vida como mujer, por las etapas que yo misma pasé, ya que fui criada muy católica y mi obra habla mucho de esta disrupción del catolicismo y otras estructuras […] En una etapa me sentí sumamente culpable, por lo que anhelaba expiar mi espíritu; después pasé por la etapa de la redención y redimir es todo eso que queremos liberar, es el capítulo intermedio que vincula la expiación con la comunión, que es la última etapa, que más que una comunión católica, la elegí porque el término me parece hermoso: la comunión es el estar contigo y con el todo. Me atrevería a decir que ese último capítulo está inconcluso, porque… aunque ahí esté reflejado, yo estoy todavía buscándome en la comunión.”

En su mayoría, la exposición está compuesta por piezas de fotoperformance, lo que significa que a excepción del registro audiovisual y de una serie de fotos realizadas a una acción en una plaza pública, todas las piezas de la colección han sido montadas por la artista y por el fotógrafo Michoacano, Mario Patiño, quien actualmente radica en Pachuca, Hidalgo. y que Guerrero describe como “un fotógrafo sumamente ermitaño”. Esta corriente, también conocida como diorama o tableaux vivant, ha sido promovida por la tropa de arte acción liderada por Guillermo Gómez Peña, La Pocha Nostra. Ayudada, además, por su pareja, Blanca Vélez (a quien yo conocí como Anciana Senil en el 2014), la curaduría de la exposición nos guía a través de una historia de procesos artísticos muy ligados a la deconstrucción de la integridad corporal.

Ésta es una de las mayores virtudes del trabajo de Anúk, y es qué en el seno de una sociedad tan clasista y marcada por la discriminación hacia las distintas maneras de concebir tu sexualidad, el personaje ideado por Mariana Guerrero irrumpe de manera volcánica y familiar en la cotidianidad de nuestra cada vez más ajetreada y esperpéntica ciudad. Su trabajo nos confronta con imágenes impúdicas de la feminidad, por unos momentos, alejándonos de la noción consagrada de la madre católica, solo para atacar con el canon de la virgen María, en una suerte de yuxtaposición entre lo sagrado y lo profano, que más que repeler, intriga e hipnotiza.

Sin embargo, la constante fatiga tanto física como mental de ponerse el manto por tantos años ha terminado por cobrar factura en la moral de Guerrero. Pues, aunque esto pueda parecer como un retorno a la ciudad que la vio desarrollarse como artista, no tiene ningún reparo en confirmar que esto es un hasta luego: “Lo que hice en esa etapa y lo que aparece en las fotografías no es lo que quisiera hacer en estos momentos de mi vida, artísticamente hablando, pero es lo que hice. Me interesa que quede clara esa etapa, esos 7 años que yo trabajé.”

Esto no significa el fin de su carrera artística, pues afirma que actualmente está entrenando danza contemporánea en Queretaro y que esto es una manera de abonar a su meta de convertirse en una actriz escénica integral. Desde ya se encuentra realizando sus primeras incursiones formales en la dinámica escénica más tradicional con la dirección de un híbrido entre acción y pieza escénica, partiendo de un texto titulado Hipersensible o de una sensibilidad excesiva, mismo que se presentó durante la inauguración, contando con un elenco femenino multidisciplinario con la participación de bailarinas, poetas y filósofas de la ciudad: Paloma Domínguez, Ana Lisa Hermeño, Sofía Acosta, Mónica Ornelas, Xelha López y Cynthia Zepulveda.

Texto y foto: Axel Fabricio Amaya

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