Un Changarro de Historias

Un sudor frío que no existió

Columnista: Elías Leonardo

Cerré la puerta. Me disponía a pasear al perro.

A la distancia, justo en la esquina, vi que un vecino me hacía señas para que me quedara quieto en mi lugar. Intentó apresurar su paso, pero se frenó de inmediato para caminar despacito con las piernas temblándole. Parecía enfermo. Hasta cerró los ojos al andar.

Temí que se fuera a desmayar en plena calle, así que me moví dirigiéndome hacia él.

Abrió los ojos para espantarse con mi trayecto. “No, no, no, quédate ahí”, me gritó. Avanzó con sufrimiento unos cuantos metros para detenerse y comenzar a exhalar con desesperación. “Ufff”, ufff, ufff”, empezó a exclamar con angustia.

Entendí que no estaba enfermo, o quizá sí.

El motivo de su mortificación se hizo evidente en cuanto metió velocidad a su ritmo solicitándome con premura que abriera la puerta de mi casa y le permitiera entrar al baño. Empapado su rostro en sudor pese al frío que se registra en la zona, se detuvo unos segundos para pronunciar a duras penas “sí aguanto, sí aguanto, sí llego”.

Me agradeció y como alma que lleva el diablo salió disparado hacia su morada, ubicada a cinco de la mía. Después de buscarla en su mochila con torpeza, claudicó; paró en seco nervios y prisas cuando introdujo la llave en la cerradura.

Abrió con resignación. Azotó su puerta una vez adentro.

Entonces me dispuse a pasear al perro con la idea no haber visto ni sabido nada.

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