Un Changarro de Historias

El albañil que construyó un tiburón

Columnista: Elías Leonardo

De escuincle que le pido un deseo al mar y mi papacito, un humilde pescador, se aventó al agua para depositarlo en las profundidades. Como pescador nunca volvió a salir del océano, pero mi deseo se me hizo: te juro que mi papá se convirtió en un impresionante tiburón. ¡Yo lo vi!

Así es como me lo cuenta  Freddy, un albañil que trabaja desde hace dos semanas en la casa que alquilo. Construye una barda y hace arreglos al patio por órdenes de mi casero, quien ha atendido mis peticiones de inquilino.

Muy platicador él, Freddy disfruta de beber cerveza  para charlar toda vez que ha culminado su jornada. Apenas ve que ha llegado la hora de darle bienvenida al descanso, corre al Oxxo de la colonia para comprar seis latas de Superior; “Prende igual que todas aunque sea barata”, dice. Solicita un momento de mi tiempo, además de compartirme una que otra de sus sagradas bebidas para escuchar sus aventuras. Acepto con gusto.

No sé si se dé cuenta de ello, pero el personaje central de sus conversaciones cerveceras es su padre. Y el tema principal, ya entrado en estado etílico, es la muerte con relación a su padre. Desde que comenzó a laborar, día tras día, una historia distinta cuenta sobre su viejo, así como acerca de la muerte del mismo.

Por ejemplo, el viernes narró cómo desapareció el señor durante una excursión a la Zona del Silencio, esto en el Bolsón de Mapimí.

-Nomás dijo que se iba para el norte. Luego supimos que se había perdido en ese lugar tan raro. ¡Ve tú a saber qué le haya pasado!-, sus palabras.

Veinticuatro horas después, la versión fue otra. Para el sábado se le antojó acongojarse por recordar el instante preciso en que su papá montó un caballo alazán para una carrera con mucho dinero en juego: “Corrió como diablo. Se metió en la sierra a toda velocidad. Nadie lo encontró jamás”.

Para el domingo, cumplida la costumbre de acudir a misa, con alma tranquila previa escala en el confesionario, el relato fue que murió dormido mientras le dedicaba una canción a Dios. Según Freddy, unas rolas bien hermosas lo encaminaron con tranquilidad al creador.

En fin.

La realidad es que Freddy fue abandonado por su padre a muy temprana edad. No lo ha visto desde que era pequeño, ni siquiera sabe nada de él, sin embargo su forma de mantenerlo presente es matándolo o desapareciéndolo día tras día mediante ficciones.

Paleta, paletín, fratás o nivel de burbujas, son herramientas de lo que en apariencia es Freddy, un albañil. Pero le aprecio más como un maestro, y no precisamente con una cuchara, sino por sus dotes para crear historias.

¿Hace trampa al beber cerveza? Puede ser. No obstante en su borrachera engendra el sentimiento de un chamaco que se rehúsa en odiar o guardar rencor.

Total, dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Si no es así, por lo menos se las ingenian para que sea menos cruel el panorama ofrecido.

Te juro que mi papá se convirtió en un impresionante tiburón. ¡Yo lo vi!

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