Entrevista con David Menes pt. I
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Entrevista con David Menes pt. I

Pudimos charlar con David Menes, malabarista y clown de la compañía de circo contemporáneo, Finzi Pasca. Es un artista nacido en Madrid, formado en Montreal y viajante del globo. 

La historia de David en el mundo del arte y el circo es larga, y tiene constantes pincelazos de los frutos que trae consigo el trabajo y la pasión humana. Empezó como un joven algo confundido acerca de su futuro y ahora es un artista circense profesional que viaja con la compañía Finzi Pasca por todo el mundo.

Yo tenía 19 años y estaba en Madrid terminando el año antes de la universidad y me sentía muy desencantado con la educación en España. Estaba leyendo mucho sobre filosofía, estaba escribiendo mucho rap y poesía y no asistiendo mucho a las clases. Era un momento en que me sentía bastante perdido y mis padres me propusieron ir a visitar a mi tía que vivía en Montreal y entonces decidí irme para allá a aprender idiomas.

Mi tía conocía a una chica que había estado en la Escuela Nacional de Circo de Montreal desde niña, y ella me habló de otra escuela preparatoria. Me dijo que a la Escuela Nacional de Circo iba a ser imposible que yo entrase porque había empezado a hacer circo muy tarde, así que me fui a tomar un curso de iniciación a Verdun (CA) y… me encantó. No podía parar. Me hizo sentir que eso quería hacer todo el día. 

La introducción de una persona al arte sucede de diferentes maneras, e induce a diferentes resultados. Ya lo dijo César A. Cruz: “El arte debería consolar a los perturbados y perturbar a los calmados”. Estas perturbaciones van desde lo más simple como una breve reflexión frente a un cuadro; hasta responder al llamado de seguir una vocación de artista.

Para David Menes, ese llamado llegó a sus 19 años y decidió escucharlo.

Empecé a hacer contratos de circo donde era pagado; cosa que en España habría sido imposible en tan poco tiempo y ya estaba asistiendo a eventos del Circo del Sol, y cosas así. En seis meses mi vida cambió totalmente.

Cuando llegué a Madrid de nuevo, para mis amigos, para mi familia, para la gente que me conocía, había dado un salto enorme en mi definición de lo que yo quería hacer. Seguía pensando que no iba a poder entrar a la Escuela Nacional de Circo, pero ya tenía la sensación de que quería aprender más. Así que me apunté a cursos de acrobacia en España, fui a festivales y seguía trabajando del circo.

Me robaron todo en un festival, así que me lancé durante varios meses a vivir en la calle y a ir de tren en tren viajando. Ese año en Europa, me reveló que con nada se podía uno buscar la vida y seguir avanzando.

Se me quitó mucho el miedo de pensar qué quería hacer, y decidí simplemente seguir haciendo lo que me hacía feliz en ese momento y con lo que me sentía valorado entre la gente. Ahí tomé otra decisión que fue: regresar a Montreal con las cosas un poquito más claras y hacer un curso de preparación.

Así se lanzó un poco la cosa.

Cortesía del entrevistado. Foto de Luis Malibran.
Lee aquí la segunda parte de la entrevista

El momento en que David descubrió su vocación fue perfecto: era la época de efervescencia circense en Montreal, cuando la ciudad canadiense se convirtió en la capital del circo contemporáneo que es ahora.

A la par de su crecimiento artístico, la tierra de esa nueva expresión de artes escénicas era fértil, por lo que fue casi sencillo acceder a trabajos remunerados en compañías de circo y se le abrieron innumerables puertas para poder seguir con su camino artístico profesional. Entre casualidad y destino, se vio sentado frente a un espectáculo de Daniele Finzi Pasca.

Me acuerdo que era mi cumpleaños, cuando el amigo de un amigo nos dijo: “Ah mira, es tu cumpleaños David, si quieres puedo conseguir como ocho billetes [boletos] y nos vamos todos a ver el espectáculo Nomade [de Cirque Éloize]. Y ahí fue la primera vez que vi un espectáculo de Daniele, que yo no era consciente de que era Daniele quien lo había dirigido, pero estábamos disfrutando del circo y de lo que se veía.

Ese sería el primer acercamiento de David con el creador que ahora dirige la compañía que lleva su apellido. No sabía que después de unos años estaría formando parte del primer espectáculo que Daniele haría para su compañía recién creada.

Para ese segundo encuentro, tuvo que pasar por la carrera de artista circense de la Escuela Nacional de Circo de Montreal, a la que le dijeron que nunca podría entrar. 

Al montar el número para las audiciones de Montreal, me di cuenta de que no sólo me estaba entrenando para divertirme haciendo circo, sino que tenía una visión. Así como de 19 años escribía poesía, en este momento me di cuenta que podía hacer a la gente ver poesía.

Era un número en el que me miraba en el espejo y tenía una reflexión de ‘¿yo dónde estaba en el mundo?, con nariz o sin nariz, ¿si era un malabarista o era un clown?’ Todo esto, a nivel muy básico, se reflejó en este pequeño numerito de tres minutos y con el que entré en la Escuela Nacional de Circo.

A todo esto de los estudios profesionales como artista de circo, David tocó un tema que me hace pensar mucho en torno a las carreras de los artistas: la necesidad o la falta de ésta de que un artista acceda a educación superior en su disciplina.

Siempre hay una duda grande, ¿no?, desde que ves a alguien que está empezando hasta que se da cuenta que quiere trabajar de eso, hay toda una evolución, ésta ha sido la mía. Pero veo muchas similitudes con otras personas que encuentro, que dudan ‘¿necesito o no necesito escuela?’ A esta pregunta quizá no haya respuesta, depende de tu capacidad para absorber lo que ves alrededor, depende si empezaste más joven o menos, a mí me ayudó mucho tener escuela porque me daba una estructura, me daba unas horas al día donde yo no pensaba en otra cosa, y donde me daban consejos que luego iban a ser claves para otras audiciones.

Para quien ha empezado muy joven, quizá le resulte no tan necesario una escuela, pues porque a lo mejor lo tiene todo en casa, a lo mejor tiene muchos amigos que hacen circo, a lo mejor lo tiene en la familia, quién sabe. Pero yo creo que para gente que tenga un recorrido como el mío, ir a una escuela puede ser algo muy positivo y para mí fueron tres años muy duros de entrenamiento donde hay mucha introspección y donde empiezas a de verdad plantearte qué estás haciendo en el mundo del circo; qué quieres presentar a la gente de lo que tú haces; ¿es sólo la técnica el malabar o quieres decir algo más?. Ahí empieza toda una reflexión que luego se va desarrollando en tu vida personal.

Al terminar la escuela, se pide que los alumnos presenten un número frente a sinodales que son personajes importantes dentro de la industria cultural del circo. Ahí fue donde conoció a una directora, con quien monta Hybrid.

Video filmado por: Andrée-anne Gingras-Roy

A lo largo de la conversación, David mencionaba personas que habían sido claves para la continuidad de su carrera: sus padres al enviarlo a Montreal, su tía al presentarle la Escuela Nacional de Circo, sus amigos con quienes recorrió Europa haciendo circo.

El siguiente fue probablemente uno de los momentos en donde más agradeció a esas personas a quienes ha podido tocar con sus interpretaciones. Pues fue la misma Julie Hamelin quien vio el talento del artista en una pieza y quien lo recomendó con su esposo: Daniele Finzi Pasca, quien a ciegas confió en la visión de la productora.

Era la primera creación con su nueva compañía después de Éloize y después de Cirque du Soleil que se llamaba Donka, un espectáculo motivado por el festival Chekov de Moscú. Les faltaba una persona y Julie le comentó a Daniele, yo estaba en Madrid y me llamó por teléfono Daniele diciéndome “¿No te gustaría venir a la nueva creación?, se llama Donka, empezamos en dos semanas.”

El trabajo de la compañía Finzi Pasca se distingue por su humanidad, dentro de lo espectacular y grande de sus obras, logra conmover y acariciar el alma del espectador. Utilizan la acrobacia, la música, el arte multimedia… como medio para poder acercar su corazón al de quien sea que esté sentado en la butaca.

Tomada de: https://www.instagram.com/compagniafinzipasca/

Per Te es el espectáculo que me permitió acercarme a la historia de David. Una obra – homenaje a la fallecida Julie Hamelin, que dejó a la compañía con un hueco en sus corazones con el que no tuvieron otra opción más que convertir en jardín del que pudiéramos tomar flores todos los asistentes, flores en donde buscar consuelo. Pues, ¿no se supone que para eso es el arte?

Tomada de: https://www.instagram.com/compagniafinzipasca/
Lee aquí la segunda parte de la entrevista

Fotografía portada: Lismi muñoz

Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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