Descartes al amor, descartes a la propaganda: Descartes a Kant
Música

Descartes al amor, descartes a la propaganda: Descartes a Kant

El pasado viernes 28 de abril de 2017, Descartes a Kant presentó su nuevo disco titulado Victims of Love Propaganda en el Teatro Diana.

Desde la primera canción, Descartes a Kant dejó en claro que se iba a tratar de un show lleno de energía, desbordante, apasionante, potente y sobre todo transgresor. Es así que en la primera canción, la vocalista decide salir de abajo del escenario, desde el público, rompiendo esa barrera tan absurda entre artista y audiencia que tan acostumbrados estamos a ver en el Teatro Diana.
Esto es lo que más me llama la atención de Descartes a Kant: su energía, sus cuestionamientos, sus ganas de gritar, de transgredir, en este caso la concepción que tenemos de las relaciones humanas, el amor particularmente, ¿será que el amor se puede vender o cómo es que somos víctimas de la propaganda romántica?

Incluso el hecho de cantar en otro idioma me parece hasta cierto punto transgresor.Descartes a Kant se inserta a la perfección en el mundo multicultural y globalizado que habitamos, una apuesta por la mezcla, en el mejor de los sentidos: música, teatro, performance.

Es así que Descartes a Kant busca cuestionar nuestra concepción del amor y cómo es que funciona: las máscaras que utilizamos, las veces que nos mentimos, que nos adaptamos, que nos disfrazamos con tal de encajar, con tal de llamar la atención de ese alguien que nos atrae. Cómo es que la industria mediática nos dice que tenemos que comportarnos y de qué manera debemos sentir, qué tenemos que hacer para alcanzar el amor, para “hechizar” a aquella persona que nos llama la atención.

En ese aspecto estoy de acuerdo con la banda tapatía, pues también me resulta un tanto decepcionante pensar que el amor o las relaciones humanas en general puedan ser reducidas a una especie de receta de cocina, a un patrón, un modelo, un estándar que todos hemos de seguir.
Afortunadamente, me parece que el amor no es racional en cierto sentido, el amor es más bien un sentimiento, algo que cada quien siente y del que se apropia de manera distinta. Por eso me parece absurdo que el amor se pueda vender o comercializar, mercantilizar incluso. Sin embargo, pareciera que sí es así, aunque más bien nos venden una propuesta sesgada, limitada, seccionada de amor: una idealización, una estructura, un estándar, una jerarquía. Que nos demos cuenta o no, es establecida por algunos de los grupos de poder.
En otras palabras, no creo que se pueda vender el amor, pero sí creo —al igual que Descartes a Kant— que lo estamos comprando. Esta situación me detona algunos cuestionamientos: ¿somos conscientes de lo que estamos consumiendo, de lo que estamos comprando?, ¿realmente creemos que estamos comprando amor?, ¿no será que estamos adquiriendo mercancías idealizadas y aspiracionales, diseñadas para unos cuantos que sí encajan en ese modelo?, ¿ya nos dimos cuenta qué está pasando con aquellos que no son compatibles con los estándares impuestos de amor?

Al final del concierto realmente recibí el impulso de energía de la propuesta de los músicos, esas ganas de gritar, de cambiar, de cuestionar y propiciar la emancipación del consumidor.
De esta manera solo queda agradecer a Descartes a Kant por su entrega y su coraje, y sobre todo de contagiar su energía. Las últimas preguntas que quedan en el aire son: ¿hasta cuándo dejaremos de ser víctimas?, ¿víctimas de la propaganda?, ¿no será que le concedemos demasiado poder a los medios?, ¿o que el poder para decidir lo que significa el amor es nuestro? ¿Hemos caído hasta cierto punto en el automatismo y hemos dejado de cuestionar lo que consumimos?
Desde mi punto de vista cada quien tiene una concepción diferente de lo que es el amor, de lo que son las relaciones humanas, cada quien lo vive de manera única y pareciera que estamos obsesionados por etiquetar todo, por estandarizar y clasificar; cuando para mí lo más rico es el rizoma, la mezcla, el giro, la interdisciplinariedad, la interculturalidad, la falta de definición, la multiplicidad, la falta de estructura: la oportunidad exponencial.

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