Un Changarro de Historias

Palabritas y estornudos

Palabritas
Otra vez, para no variar, llegó enojada. Así ha sido la tónica de su existir en estos últimos cuatro meses. Se le da con facilidad eso de encabronarse, vaya, ha desatado el rasgo de mecha corta. Sus corajes son duraderos y agresivos para su propia estabilidad. Desde que cambió de trabajo, desde que entró a la nueva empresa vive al borde del llanto provocado por la furia; insomnio y mala alimentación, hábitos novedosos en su rutina.
Si no es porque “la vieja de recursos humanos es un hígado” es porque “la asistente del director me hace la vida de cuadritos”. Por una u otra razón, fuere cual fuere, se altera. También ve enemigos por todas partes, hienas dispuestas a devorarla así nomás porque sí.
Hoy he retornado a casa, al espacio que compartimos juntos, espacio del que me pidió que me fuera hace un mes porque necesitaba estar sola. Hoy vuelvo a estar tomando café en nuestro comedor mientras ella se desahoga. La verdad es que su novedosa faceta de enojo, es decir el arribo a una circunstancia desconocida, nos agarró en curva a ambos.
-Ya te extrañaba.
-Yo también. Tranquila, mi amor, todo va a estar bien.
Me levanto de la mesa para servirle más café. Alcanzo a observar que esboza una ligera sonrisa, a lo que correspondo con una sonrisa más grande. Haber dicho que todo va a estar bien fue complemento de los besos y abrazos que necesitaban de unas palabras, palabras que se tardaron cuatro meses en aparecer.
Le hacía falta escucharlas. Me hacía falta pronunciarlas.
Estornudo es suspiro
Señorita, me encantaría poder decirle lo que siento por usted, pero sé que sus oídos no son para mis palabras, sé que sus ojos no son para mi expresiva timidez. Pero también sé que no es dañino escribir dejándole la sana posibilidad de leerme o no.
¿Tiene usted idea de lo que significa contener la respiración para no delatar al alma? ¿Sabía que cada estornudo suyo es el suspiro de alguien más? Usted estornuda mucho, yo suspiro bastante. Pequeño detalle: sus estornudos pueden tener diferentes autores. ¿Y mis suspiros? Mis suspiros solamente la tienen a usted.
He visto sus lágrimas recorriendo el camino de sus penas, inundando su piel. He escuchado cómo le cambia de nombre al amor con frecuencia; a veces tiene apellido, a veces apodos, a veces insultos. He presenciado las explosiones de su personalidad de un extremo a otro: desde sonreír llena de alegría porque se compró los zapatos de su gusto hasta despreciarse a sí misma en la resaca luego de una noche caótica. ¿Acaso se ha visto sonreír frente a un espejo? Debería, así comprendería mis días mirándola en foto cuando prolonga su ausencia.
Quisiera continuar, contarle lo que he soñado e imaginado para acercarme a usted, para hacer de su conocimiento lo mucho que la… Perdone que lo deje hasta aquí, pero es que usted ya se asoma y vuelvo a ponerme nervioso. He de contener la respiración.

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