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Un día volví a verlas

Salí a caminar para distraerme, para relajar la mente de días ajetreados por asuntos laborales y personales. Emprendí trayecto por la avenida que me conduce hacia la playa. Me hice acompañar únicamente de mi móvil y unos audífonos para escuchar música. No necesitaba más, pues quería estar a solas conmigo. De paso quise festejarme mi cumpleaños ya en completa calma en algún lugar de mi agrado que topara en el andar.
En una de las esquinas de mi recorrido, aprovechándose del rojo en el semáforo, una chica se paró frente a los vehículos detenidos para hacer malabares hula hula. Fue entonces que pensé en ellas, en todas ellas. En realidad me hizo recordar el ritual, o manía, que tuve con mis ex-parejas o enamoramientos que no se concretaron en algo más. Me acordé de algo que creí enterrado con el paso del tiempo.
Motivado por el insospechado obsequió que me brindó una extraña malabarista, busqué en YouTube una canción que ya había desaparecido de mi playlist. La primera versión que apareció fue la que recreó Clint Eastwood para la películaJersey boys. Escuchándola, mis pasos prosiguieron con singular alegría, con la peculiaridad de un tipo canoso reencontrándose con un elemento que creía perdido en los vaivenes de su destino.
La efusividad me guió primero hacia el mar para reposar unos instantes. Prosiguió con escala en un restaurante donde disfruto comer tacos de pescado. Luego retorné al semáforo del intempestivo regalo para agradecer a la chica hula hula, sin embargo ya se había ido. Sereno y contento, regresé a casa con intención de apreciar mis abrazos rotos a través de vivencias que convertí en rompecabezas arrumbado en el olvido.
Comencé a recordar momentos donde me fascinaba observar a las amadas en turno dándole con todo al pánico escénico para brindar una conferencia ante cierto número de personas, o desvelándose entre café y cigarros para estudiar, o preparándose para un nuevo reto en el empleo, o radiante por conocer algo nuevo, o alterada por decidir entre tal o cual vestido para una boda, o conteniéndose la ira para tratar con amabilidad a un cliente.
De mucho me acordé. Y lo contemplé con la calma que brindan los años, no así con la prisa con que devoré lo que ahora son gratos recuerdos.
“¡Feliz cumpleaños!”, me dije. Así haya sido con un Frankie Valli personificado cantandoCan´t take my eyes off you.
Recuperar lo perdido, según yo, vale la pena.