Crónicas Peatonales

Biónico

Columnista: Ricardo Robles

Aspirar el aire libre y trivial
de las horas muertas.
(La elongación sonriente
de los días de pinta.)
A pie (Luigi Amara)
Lugar: Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco.
Presupuesto: 56.50 pesoos
El hambre perezosa me llevó a andar por la plaza. Me hago la primera pregunta: ¿Quién le puso neón a las cruces de las iglesias? Vaya conjugación extraña.

Hay movimiento aflojerado en la plaza. Una lluvia extemporánea refrescó el aire pesado del sábado. Piso charquitos, niego la lluvia, la negamos todos. Esta lluvia no tenía que estar aquí, nadie la esperaba. Verano no deseado. No hay lonas. El cascabeleo de las cortinas metálicas de los locales junto a la plaza hace la música del fin de labores. Son puntuales y ya se hizo hora. La churrera trae la boquita colorada. Hay una fondita al aire libre, hay tamales, enchiladas, sopes, flautas y tostadas. Salí del primer cuadro y apunté hacia un puestecito en la esquina de la siguiente calle.

Siete topers de diferentes tamaños, frascos de confites y una canasta de fruta armaban el puestito de biónicos. Me hago la segunda pregunta: ¿Quién le puso “biónicos” a los biónicos? Pienso en Las Batallas de Pacheco y me acuerdo de que a los sánduiches de sanduichera los llamaron “platillos voladores” allá en los 40´s; pero esos sí parecen platillos voladores. No dudaría que en aquel preámbulo post atómico de la carrera aeroespacial lo biónico (lo que se entendiera por eso) anduviera tan en la boca de todos como para que un plato de frutas picadas con crema dulce se convirtiera en el biónico.

Lo pido de a litro. Nomás plátano macho no me le ponga, del amarillo nomás.  Un muchachito abrazado del poste le dice  por qué ya no se había puesto, tía! Ella, mientras pela la papaya: Sí me había puesto, nomás que no me veías aquí a la vuelta.

Camina rápido detrás de la señora una niña con un muchachito muy guapeado detrás.  ¿Ocupabas algo? Se le levanta la ceja a la señora y le responde con la sutileza de una madre sumamente molesta pero frente a extraños (en este caso clientes): Ni gira la cabeza, ni le dirige la mirada: Te estaba buscando tu papá. La niña se mete a la casa, el muchacho, dandy de pueblo, espera afuera cruzado de brazos y piernas. Para entonces ella ya va en el melón.



Llegan dos mujeres y un hombre a hacer fila. Platican y les escucho de reojo. Me concentro en la artesanía del pela y pica de la señora. Calma. Y me pone dos chicos para llevar, esos sí con todo. Me entrega la primera parte de mi pedido y le empiezo a dar cucharadas. La señora vuelve a repetir todo el proceso de ir fruta por fruta para armar la última parte del pedido. El trío: Me dice que va con su amiga. Allá hasta la Peñafiel. ¡Qué esperanzas! ¡Y menos en la moto! Le dije: no vas. Y menos en moto. / ¡Ay, ni que tú no hubieras tenido amigos hasta allá! Bueno, sí. Pero no andaba en moto. ¡No! Antes para allá era pura bicicleta… ¡O caballo! Puro caballo para allá. No moto.

Una motocicleta persigue a la otra. Nos hace dar un brinquito oír pasar su motorcillos tan de cerca. ¡Ves por qué no la dejo! ¡Nomás así andan, puro jugando! ¡Ay, jijos! / ¡Ai vienen tus cabrones! / ¡Ei, ya sé! Pongo los ojos sobre el bote que ya llevo a la mitad a espada de mis cucharadas. Se acercan un trío de muchachos trepados como brocheta en una motocicleta roja. Sonríen y se acomodan las gorras. Tendrán 15 años. Hugo, Paco y Luis, o Alvin, Simón y Teodoro, o Leonardo, Donatello y Miguel Ángel; cómplices de la vagancia, vestidos igual, cada uno con su color: gorra, playera, pantalón de mezclilla y zapato bordado. Se bajan y saludan a la señora de la fruta. Voltea a ver ¿No quieren? Se niegan. Agradecen y revisan sus celulares. Abre la boca el hombre que los acompaña: ¡Si orita van a comprar una botella! Y tú quieres que coman biónico. Se escucha un grito. Voltean. ¡Te dicen a ti! / ¡Qué! / ¡Cuñao, te dicen! / ¡Le han de decir a él! / ¡No! / ¡Pos a todos les queda! / A mí, ya me van a decir suegra en cualquier momento. Termina la mujer. La señora de la fruta escucha en silencio. Se le levanta la ceja. Me entrega mis dos chicos. Pago, tiro mi bote vacío y me doy la vuelta.
 

Para ustedes qué y qué y qué va a ser.


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