Danza

Danza extranjera y picardía mexicana

Texto y fotos: Nidia Beltrán

El Festival Bailar Apantalla clausuró sus actividades del 2016 el viernes 19 de febrero en el Teatro Diana, y no pudo cerrar de mejor manera que combinando la destreza y habilidad de una compañía extranjera con el talento local.


El Teatro Diana se vistió de gala para despedir con un caluroso abrazo la quinta edición del festival que pone los reflectores en los artistas escénicos, visuales y musicales. La visión del festival es completamente innovadora, experimentando con la colaboración de artistas emergentes, artistas de talla internacional y conectándolo con el público de Guadalajara, poniéndole una medalla más al Semillero Cultural que es nuestra ciudad.

ASCENDance -Hedwig Dance Company


Como primero de dos números que se presentarían para cerrar la fiesta, la compañía de Chicago Hedwig Dance, nos sorprendió con una presentación de danza contemporánea. 


La luz era dura, creando sombras marcadas en los rostros de los bailarines sobre el escenario. Los miembros de la compañía norteamericana vestían todos de blanco, entre cortejos en parejas, movimientos espejeados, y actos de confianza que se consumaban en la caída libre de un cuerpo sobre otro, fueron conquistando la mirada de los asistentes, que se sorprendían con cada hazaña de los disciplinados danzantes.


Cuando nos tenían interesados completamente, sacaron de tras bambalinas tres figuras que unían muchos triángulos, como en forma de pasto. Con ellas empezaron a conectarse los unos a los otros, a usarlos de puentes, de portales, de tapetes… Para finalmente, desprenderlos de la rígida y compacta composición. Los cuerpos de papel estallaron entonces en volumen y en luz: creando infinitas posibilidades para el desarrollo de la trama en escena. 

Eran gusanos come-hombres, que al comérselos, los refugiaban de sus miedos, sus retos… 

Eran crisálidas, protegiendo a sus seres interiores mientras éstos realizaban su metamorfosis para salir al mundo más fuertes, preparados para enfrentar esos miedos y retos. 



Mientras se velaban esos cambios, proyección de agua, con sonidos del océano, acompañaban al público. Los bailarines que quedaban fuera pudieron danzar ante esta oda al mar: con movimientos delicados y pesados, como debajo del agua. 

En la pared que se imponía sobre el escenario, aparecían mandalas con movimiento, como manteniendo en mente la eterna repetición del ciclo en la vida, y cómo esos ciclos construyen el patrón más bello: la vida. Un patrón único y exclusivo: las experiencias, decepciones, ilusiones; una huella digital, el iris de una mirada única que ha visto su transitar en el mundo.

Orión -CRISOL Dance

Para finalizar la noche, la misma compañía que está detrás del trabajo en Bailar Apantalla, CRISOL Dance, tomó posesión de uno de los teatros más importantes de la ciudad de Guadalajara.

El performance comenzó con paisajes naturales y una narración en un dialecto indígena, la música que lo acompañaba parecía ser del mismo origen, dando una sensación de estar presente en un ritual. Bailarines de todas las partes del teatro se encontraron en el centro de la plataforma escénica, formando un círculo en torno a la luz que se proyectaba del techo al suelo. Entre danzas y movimientos muy apegados a la tierra, dieron a entender que pertenecían a una civilización -probablemente prehispánica-.



Llegaron entonces sombras, vestidas de negro y representaron la mutilación de la conquista. Capturando con redes a los habitantes del pacífico y natural espacio y subiendo a esas mismas a desempeñar algunas acrobacias de danza aérea.

Entre esta caza de humanos, bajaron maniquíes con vestimentas típicas de culturas mexicanas. Cada bailarín se postró frente a uno y lo despojó de las vestiduras para adueñarse de las mismas. En una transición de la conquista a un mestizaje, como en el que se construyó este país lleno de vida, de color y de diferentes culturas. 

No conformes con este claro mensaje, los miembros del acto bajaron a tomar personas de la audiencia que los contemplaba alegres y atónitos. Los integraron al número que se llevaba a cabo en el escenario y terminaron su acto sonriéndole a la evolución que nos hizo estar ahí, en ese momento, en ese lugar: en una celebración del arte y la cultura mexicana, en un presente colorido y frente a un futuro prometedor para las artes escénicas de la ciudad.

Álbum de fotos


Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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