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Jaramar captura al público en su Atrapasueños

Texto y fotos: Nidia Beltrán


Con gran expectativa nos presentamos en la primera muestra de de Sueños, proyecto multidisciplinario que involucraba música, artes audiovisuales, danza y un poco de teatro.

La reconocida música –Jaramar Soto-, compositora y pintora mexicana ya se había referido a Sueños como:

“Usar distintos lenguajes expresivos en un mismo espectáculo.”

Dicho espectáculo se llevó a cabo el miércoles 17 de febrero dentro del margen del Festival Bailar Apantalla, mismo que lleva como bandera la innovación y cooperación entre disciplinas artísticas.

La producción de Sueños fue una ola de energía auditiva y visual: el Foro LARVA, tan alternativo como es, se vistió con telas translúcidas que colgaban de una red movible, manipulada por titiriteros en las esquinas diagonales del escenario. Las telas caían desde el techo hasta el suelo, estaban humeantemente iluminadas por proyecciones desde el otro lado del foro.

La escultura viviente era como un atrapasueños: con una red en su cara circular, y con espumosas telas ligeras que lo unían con la realidad dentro del espectáculo.

Según la creencia popular, la función del atrapasueños es filtrar los sueños, dejando pasar sólo los positivos; los sueños que no se recuerdan son los que bajan por las plumas. Las pesadillas quedan atrapadas en la piedra.

Los músicos: dos cellistas, una tuba, una guitarra y percusiones, se encontraban a los lados del gran atrapasueños, y musicalizaban los encuentros de la cantante a lo largo de su viaje.



La trama de la puesta en escena, era una travesía lejos del mundo de los despiertos: habían enfrentamientos con la peor de las pesadillas: esa sombra que parece acechar cada uno de nuestros pasos, sombra encarnada por la bailarina Karen Luna. Con la música se seguía una persecución, confrontación y sumisión a uno mismo. Pues, a fin de cuentas, nosotros somos nuestros peores miedos, nuestros mayores retos.

Las telas que formaban paredes servían de refugio, luego se convertían en un laberinto asfixiante, en el escenario de un encuentro o en el mejor escondite: siempre siendo esa superficie de proyección de las imágenes de luz que lo embestían. 

Y ¿cuántas veces el sueño no ha sido eso: un refugio, un laberinto; cuántas veces no hemos anhelado un encuentro en él, cuándo ha dejado de ser una proyección?

Sublime, la música envolvía como una extensión de esa telaraña levantada a los ojos de todos, llevaba de la mano al público hacia el centro de ese atrapasueños: para ser filtrados o encerrados en la roca, pero nos atraía, como la araña cazadora al mosquito, nos indicaba -dentro de nuestra hipnosis- tanto la catarsis del enfrentamiento, como la incertidumbre de la persecución…

Entre la resaca del sueño: ese momento en que te sientes sobre una cuerda floja, sin saber si caerás al mundo ‘real’, o sólo cambiará el escenario de una más de tus proyecciones; los diferentes colores pintaban las extremidades del artefacto vivo, que ocupaba el escenario. 

Mientras Karen Luna, hacía lo que le placía con Jaramar: la subía, la bajaba, la hacía correr, esconderse o simplemente desplomarse conforme su mente la aplastaba. Dos partes de la misma esencia: el cuerpo de ensueño y el sueño corpóreo. 

Después de tantos escapes y reconciliaciones entre dos de los personajes más profundos e inter-conectados de nuestro inconsciente. Con la luz de la mañana, proyectada a través de las humeantes y cuasi transparentes paredes, Jaramar tomó sus alas, colocadas en su espalda por su yang, para salir de escena: para entregarse a esa luz, y desaparecer en esa confusa plasma que resulta en un recuerdo lejano al despertar. 

Álbum de Fotos

Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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