Cine

The Revenant: El Renacido

La Obra Maestra de Alejandro González Iñárritu.
La Pieza de Arte de Emmanuel el Chivo Lubezki.
La Actuación Estelar de Leonardo DiCaprio.


Tantas formas de referirse a esta película magistral, que combina la fortaleza humana con la imponencia de la Madre Naturaleza.

Al parecer la película se define por estos tres personajes. Tres hombres que han demostrado a lo largo de su trayectoria en el cine que están hechos para crear lo inimaginable, en pro o en contra de la corriente.

The Revenant relata la conmovedora historia de un hombre cuyo corazón es extirpado -figurativamente-, y que se encuentra frente a la decisión de comenzar la travesía que tiene por delante: silenciosa y oscura. Sin embargo, Hugh Glass tiene más que un rayo de luz para iluminar su camino: el amor que ha vivido con los aborígenes, el mismo amor que le dio un hijo mestizo y una conexión profunda con la tierra que pisa, lo guiará a través de su búsqueda de venganza.

Cuando vi el tráiler, debo admitir que pensé que revelaba mucho, que develaba las claves de la historia: la lucha con el oso, el asesinato del hijo, y la aventura recorriendo la tundra de la América de 1820’s. Pero el relato en la película es de kilómetros más en profundidad. Los trasfondos de los personajes, la humanidad que los constituyen -tanto a nativos como a extranjeros- claman por empatía y por un testimonio del público, que forma parte de la historia desde la primera escena.

La primera y la última escena son muy fuertes. La primera, colocando al espectador violentamente in situ. Desde ese momento, el manejo de cámara es muy cercano a lo que sucede en la historia, y en esta primera escena, las imágenes son altamente sostenidas por el ruido natural que causa la ubicación. Como estando ahí, el sonido ensordecedor de la naturaleza cubre todos los sentidos.

La última escena, cerrando la historia con toda la fuerza que se vivió en ella, encontrándonos ya no fuera de Hugh Glass, sino muy dentro, donde sentimos que lo conocemos, que lo entendemos. Una última escena que deja vibrando la tierra, al paso de una manada de bisontes. Una última escena que hace que descanse nuestro corazón después del arrebato al que lo llevó el filme.

La Obra Maestra de Alejandro González Iñárritu.


Lo dijo el elenco, lo dijeron publicaciones alrededor del Globo, y se siente en el tuétano durante toda la pieza: No veremos algo así en mucho tiempo. The Revenant es algo muy diferente al cine que conocemos. 
Desde la manera de contar la historia, como una leyenda épica; hasta el toque humano del director de Amores Perros, The Revenant se tambalea entre lo común y lo grandioso del humano; entre la vulnerabilidad de una persona frente a la naturaleza y la valentía que da el Amor a un cuerpo así de escueto, así de herido.

Iñárritu ha descrito The Revenant como la pendiente más vertical que ha escalado en su carrera, haciendo parte de su doloroso viaje a su elenco. Por ejemplo, insistió en que la película fuera grabada cronológicamente, para que los actores tuvieran una conexión más profunda con los viajes de sus personajes.

Esperemos que ésta no sea la Obra Maestra del “Negro“, esperemos que siga ascendiendo en su manera de contar historias, de dirigirlas y de hacerlas parte de nuestra vida; porque, maldita sea, necesitamos más del cine de Iñárritu.

La Pieza de Arte de Emmanuel el Chivo Lubezki.



Sí, Lubezki.

Es ya un deleite seguir al fotógrafo en su cuenta de Instagram, pero ver una película desde su lente es un verdadero privilegio.

Se reconoce ya al Chivo por su manía en usar sólo luz natural, que no hizo una excepción con The Revenant. A causa de esto, el elenco tuvo sólo hora y media para grabar al día. Sí, hora y media (no fue una novedad que le llamaran “la hora mágica”). Toda la película es grabada con sólo luz natural, lo que le añade esta magia a los ya hermosos paisajes de las cadenas montañosas de Canadá y Argentina.

El trabajo de Lubezki es verdaderamente abrumador. El manejo de cámaras no le dan oportunidad al espectador de no estar en la historia. Son tan íntimas las tomas, y tan naturales, que se sienten como la reacción del ojo humano: el impulso de seguir algo con la mirada, el flujo de una conversación sin cortes, la contemplación de lo bello de la naturaleza. La lista se alarga.

La Actuación Estelar de Leonardo DiCaprio.


Ya le queremos dar el Oscar a DiCaprio. Y esque no es sólo la expectativa mediática que sufre la injusticia frente a tan buen actor. Pero en The Revenant Leo nos muestra su lado más emocional: su lado más humano y más valiente.

Gran parte del filme el actor lo pasa en silencio, transmitiendo todo con miradas, con gemidos, con micro movimientos de su cuerpo. Y se siente esa actuación que ya no es actuación, que es dolor, que es furia, que es coraje y sobre todo, que es amor.

Leonardo DiCaprio entrega su alma frente a la cámara, su mirada, sus recuerdos… Su compromiso. 

El actor se comprometió completamente al proyecto, estando al borde de la hipotermia en prácticamente todas sus tomas en las aguas heladas de las Montañas Rocosas (que son MUCHAS), comiendo hígado de bisonte para tener una reacción más “natural”, y hasta durmiendo dentro del cadáver de un oso.

En pocas palabras, participación del actor en la Obra de Iñárritu es determinante para la carga emocional que derrama de la pantalla.





The Revenant se estrenará en cines mexicanos el viernes 22 de enero.




Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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