Cine

Un Monstruo de Mil Cabezas

Director: Rodrigo Plá
Guionista: Laura Santullo
Productor: Sandino Saravia, Rodrigo Plá y Ana Hernández
Fotógrafo: Odei Zabaleta

La película Un Monstruo de Mil Cabezas fue presentada dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, y la propuesta que puso en escena fue la desesperación encarnada en una mujer, esposa de un hombre enfermo de cáncer.
Entre y una paleta de colores clara, neutra e iluminada, se desarrolló una trama compuesta por un conjunto de monólogos. Los monólogos en voz en off, que se surgían en una sala de juicios, se intercalaban con la narrativa que en donde se veía a la protagonista entrar en contacto con los dueños de las voces que atestiguaban.
La protagonista era una mujer viviendo en una ciudad, no muy diferente de quienes escribimos o leemos esto. Lo que comenzó como una búsqueda y petición para la mejora del tratamiento de su esposo se le salió rápidamente de las manos, arrinconándola a recurrir a medidas de violencia y desesperanza. 
Durante toda la cinta se mantiene el equilibrio de las dos narraciones, y del límite en donde el ciudadano promedio de un país como México, se puede encontrar al querer acceder por una grieta al sistema burocrático en donde los individuos se materializan y se vuelven unidades o números.

La propuesta cuenta con tintes sociales en los que se puede encontrar alguien que más que protegido por su gobierno y por el sistema, se sienta indefenso y abusado por él.

Dice la guionista (también autora de la novela original que inspiró el proyecto cinematográfico), Laura Santullo, refiriéndose al enfrentamiento que la protagonista debe tener con la aseguradora que decide el tratamiento de su esposo.

Dentro de la peculiar fotografía de Un Monstruo de Mil Cabezas, la poca claridad en las imágenes, entre reflejos o captaciones con muy poca profundidad de campo, dice el director Rodrigo Plá, buscan ilustrar la poca claridad en el mismo relato. El relato que en sí es una reconstrucción de la realidad, tomada de testimonios de los involucrados.

Volteo hacia arriba cuando paso abajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir.
Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.

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